Longaniza blanca

¡Sabela Ibiza Locomía!

El sábado 24 de octubre Sabela, que hacía tiempo que no se prodigaba, se plantó en Sant Antoni de Portmany con un dorsal de la Ibiza Trail Marathon, que celebraba su decimoctava edición con tres distancias, 48, 28 y 11 kilómetros, para que cada cual eligiera su ración. Casi sin haber podido prepararla, salió sin poner el crono y con la idea declarada de tomársela como un entreno. Un recorrido con cuestas verticales que no se acaban nunca, escalones, rocas, pista forestal, asfalto y barro, porque Ibiza todavía no ha vuelto a la normalidad después de la dana. «¡Bonito de verdad!», resume.

La recogida de dorsales fue el viernes en el hotel Blau Parc y la bolsa del corredor le pareció muy completa, la camiseta súper top y la organización de diez. La llegada, impresionante: el speaker vio la camiseta del Marathon Cartagena y se acordó de atletas cartageneros muy conocidos por esas tierras, de los que Sabela no da nombres, así que nos quedamos con la intriga. Avituallamiento abundante durante toda la carrera y, en la meta, bocata caliente de longaniza blanca.

Del crono, contenta, porque no daba muchas esperanzas de acabar tan fresca. Cuánto ha marcado y cuál de las tres distancias ha corrido son dos datos que no aparecen en su parte, y aquí se acepta el trato sin rechistar (aunque el cronista confiesa que ha curioseado y que le parece un tiempazo). Por supuesto, la cosa siguió después de la meta, al estilo Ibiza, con DJ Ramones, concierto del Canijo de Jerez, y la fiesta se alargó toda la tarde. Recomendable cien por cien, dice. La gente, súper amable, y la isla, que barata no es, se adapta a todos los bolsillos. Imprescindible el bullit de peix, que Sabela y compañía han tomado en Sa Espartar. Tomamos nota.

El cronista, mientras tanto, se ha quedado enganchado al bocata de longaniza, blanca por más señas. Porque de una carrera se recuerda el crono (en especial si fue personal best), se recuerdan las cuestas (las más crueles), pero sobre todo se recuerdan dos cosas que dejan huella: lo que te dan cuando llegas a la meta y lo que te dieron el día antes en la bolsa del corredor. De lo primero hay carreras que se recuerdan por la paella, por las cervezas, por lo que sea que humeaba en una carpa al cruzar la cinta, pongamos un bocata caliente de longaniza blanca, y carreras que se recuerdan por el agüica tibia en botella de plástico y el trozo de plátano.

La bolsa del corredor, por otra parte, es el objeto de este deporte que más ilusión genera por unidad de decepción. Se recoge el día antes con la solemnidad de quien abre un regalo y se vacía sobre la cama del hotel con la cara de quien ha comprado una caja sorpresa en el chino. Los veteranos del club cuentan de otros tiempos en los que la bolsa llevaba un bocadillo de salchichón, una manzana, cosas que se podían comer sin leer la etiqueta. La de ahora trae dos geles del patrocinador con sabor a frutas del bosque, que es como la industria llama al color fucsia metalizado, un vale de descuento del cinco por ciento para unas zapatillas de ciento cuarenta euros, el folleto de un fisio y la camiseta técnica, más o menos bonica y más o menos técnica.

Hay excepciones, y la que el cronista tiene más a mano es la del Cross Nocturno de Orihuela. Su mujer, que tiene mejor memoria, pasa inventario: una botella de vino, una mata de apio de la huerta, una lata de mejillones, olivas, almendras saladas, una naranja y el año pasado una manta de la Policía Local. En la meta hay chocolatada. La inscripción son 10 euros.

Por si os apetece, la carrera se celebra el sábado 26 de diciembre a las diez de la noche. Sale del Puente Viejo y termina en la explanada del Seminario, previa mítica subida de 643 metros zigzagueantes y exigentes que el cronista jamás ha podido correr del tirón. Media ciudad está en la calle, animando. Y la otra media corriendo disfrazada. Aquí el que escribe se vistió el año pasado de hombre de hojalata (2º premio, aunque no subió al podio porque no se enteró) y este toca espantapájaros.

¡Pon un bus, presidenta!

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Peralicos por nuestro diminuto mundo

Camero despliega la bandera peralica en las Antípodas, una vez más (hace nada la paseó Pepe Lacárcel).
Emilio Peña, de major en major.
Pergunto ao vento que passa notícias do meu país…

Nadie convocó nada. Nadie puso en el grupo «este finde nos repartimos el planeta». Simplemente, el sábado 10 por la mañana, mientras en Cartagena la gente se tomaba el segundo café, un peralico se ponía en la línea de salida en Carcavelos; esa misma noche, con medio club durmiendo, otro entraba corriendo en un estadio de cricket en el otro extremo del mundo; y el domingo a media tarde un tercero cruzaba la meta de Chicago con el sol pegando duro. Si se mira el mapa, el club estuvo veinticuatro horas seguidas corriendo un maratón en algún sitio de este mundo. Es una de nuestras señas de identidad: en cualquier momento del año hay un peralico con el dorsal puesto en un lugar donde uno no esperaría encontrarse una camiseta azul con el escudo de Cartagena.

Armando Mayordomo abrió el turno. La maratón de Lisboa sale de Carcavelos y se pega al agua durante kilómetros, con el Tajo a un lado y el viento entrando por donde le da la gana, hasta desembocar en la Praça do Comércio. Nos mandó el equivalente a un telegrama: «Aunque no muy fino, pude acabarlo. Bonito recorrido y ciudad, junto al río, con sol y viento». Intuyo que ese no muy fino implica bastante sufrimiento.

A Armando el fado le salió un pelín desafinado, pero llegó, que es lo que importa.

Mientras Armando ya estaba en la ducha, en Melbourne amanecía y Camero se alineaba con otros 22.000 en una salida que él describe como espectacular, con un recorrido abarrotado de gente y una llegada dando la vuelta al Melbourne Cricket Ground lleno hasta la bandera. Allí, una par de horas por delante, iba un tal Eliud Kipchoge, que ganó con récord del recorrido, 2:09:10, dentro de su gira para correr un maratón en cada continente en dos años. El keniata lleva tres paradas. Camero cerró en Melbourne lo mismo que Kipchoge persigue, y de propina: maratones en todos los continentes y en los dos círculos polares, con un 4:07 oficial y el único reproche que se hace a sí mismo de haber acusado un poco lo de dos maratones en una semana. (No sé si se llega a apreciar el mérito de que un socio de este club se haya adelantado al mejor maratoniano de la historia en el reto que el propio Kipchoge se ha puesto como despedida. Sin equipo, sin avión privado, sin contrato con Nike. Con un mensaje al grupo que empieza con «un saludo, compañeros» y acaba hablando de lo bien que se lo pasó en la llegada).

Dos leyendas: Kipmero y Cachogue.
Camero contrató a un coach: «Vamos con la nueva técnica de carrera. Necesitas unas zapas con placa de carbono para aprovechar el efecto muelle»
Pues van 65 o 66 o 67… No sé, perdí la cuenta.

El relevo lo recogió el domingo Emilio Peña en Chicago, a la hora en que aquí se recoge la mesa. Maratón número veinte, cuarto Major, 3h34′ en un día soleado y algo caluroso, con esa animación norteamericana que él ya conoce de sobra y que le sigue impresionando.

Emilio recorrió los 29 neighboorhoods.
Casi 3000 calorías… Que se reponen rápido en un Steakhouse.

Y luego está nuestra Leanne, que ese mismo fin de semana se apuntó al Running Day de la Cresta del Gallo en la modalidad de senderismo, aunque seguía reventada de Sierra Espuña, y acabó sin móvil en meta y con una sola prueba documental, casualmente con una cerveza en la mano, a fe que bien ganada. Puesto al lado de Melbourne, de Chicago y de Lisboa parece un asunto menor, hasta que uno repara en que llegó rota de una montaña y su manera de descansar fue irse a por otra.

Un poco altas las pulsaciones, me parece…

Lo que tienen en común los cuatro, y con ellos casi todo el club, es que no saben estarse quietos, y el que escribe esto lleva un tiempo dándole vueltas a qué significa eso. Lo más parecido a una respuesta que ha encontrado es bastante sencillo: tenemos piernas y las vamos a tener durante un tiempo limitado, y en algún momento uno se da cuenta de que el mundo es lo bastante pequeño como para intentar correrlo entero y lo bastante grande como para que nunca llegue a terminarlo. Entre esas dos medidas se mueve la cosa. Hay días en que las piernas se quejan y otros en que una rodilla avisa de que el contrato tiene fecha, y precisamente por eso nuestro añorado Juanlu salía a las siete de la mañana con las zapatillas puestas, Camero se pasea por los círculos polares y Leanne por un cerro de Murcia o por lo volcanes de Ecuador. A algunos nos cuesta más por la mañana y lo hacemos de noche, pero lo hacemos, porque dejarlo para más adelante es apostar a que habrá un más adelante, y esa apuesta la hemos visto perder a unos cuantos ya.

Hay una canción de Maria Arnal que va en la playlist de correr de este cronista, aunque los cascos se queden últimamente en casa para tener los cinco sentidos en que no le atropelle un patinete. Habla de un mundo diminuto que flota en un mar oscuro, en la periferia brillante de una galaxia mediana, y de mil caballos desbocados que corren con el morro ardiendo, unas veces al trote y otras al galope… Eso somos.

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Chalecos amarillos

¿Qué queréis que os diga? Yo me siento orgulloso de estar con esta gente.

El domingo de la Hospitalidad amaneció raro. El cronista había pasado la noche con un calambre que lo despertó a las tantas, el cielo estaba bajo y gris y prometía agua, y el bochorno se pegaba a la piel antes de salir de casa. Me quedé en la cama con la convicción, muy sensata, de que aquella no era mañana de carrera. Fue mi mujer la que me sacó de allí a puntapiés. Ella estaba apuntada a la marcha con unas amigas a las que había liado para aprovechar el domingo, y una mujer que ha liado a sus amigas para andar tres kilómetros por San Antón no va a tolerar que su marido se quede en casa alegando una dolorosísima y sospechosísima rampa.

La II Carrera y XII Marcha Solidaria Hospitalidad Santa Teresa es una jornada de Barrio, con mayúscula, sanantoneramente festiva. Allí la Fundación acoge a personas sin hogar y en situación de vulnerabilidad. Hubo pruebas infantiles a las diez, el 5K y la marcha después. Detrás de la organización están Eduardo Armada y el ex concejal Alonso Gómez López, presidente de la Fundación, a los que hay que agradecer que la carrera exista, y nuestro ex presidente Daniel Sánchez Espejo, que midió el circuito, lo dejó a punto y encima se plantó en la meta para recibirnos uno a uno.

Historia de la Cartagena deportista y deportiva.

La salida se retrasó. Llovía lo justo para que la Policía Local decidiera esperar a que se pudiera correr sin que nadie se abriera la cabeza en una esquina mojada, y los corredores anduvimos un rato en la replaceta, calentando lo que se puede calentar con bochorno y mirando al cielo. Cuando por fin dieron la salida, salimos 190 al 5K, una docena con la camiseta del club.

Más hospitalarios que nunca.

El primero de los nuestros fue Ricardo García Garijo, 22º de la general con 19:35 y 3’55 el kilómetro, cuarto de su categoría en una M50 que venía cargada. Detrás llegaron casi de la mano Pablo Pérez Esparza, 21:48, y Antonio Pérez García, 21:51, tres segundos entre los dos y séptimo y noveno de los M45. Ángel Conesa Sánchez y Paola Montijano Ogeron hicieron lo suyo, que es correr juntos y rápido: 22:50 y 22:51, puesto 76 y 77, y Pao campeona de la categoría M45F. José Vera Nieto fue tercero de los M55 con 23:44 y subió al cajón, Miguel Pérez Gracia cuarto de la misma categoría con 25:36, Juan Carlos Nieto Tabernero, Juanki, cuarto de los M60 con 26:51 (pero el día anterior se hizo once kilómetros para no venirse arriba en la carrera), José Pedro Barrancos Pérez quinto de los M65 con 28:01, Ana Sánchez Pedreño cuarta de las sénior con 29:20, corriendo de incógnito porque en la inscripción no puso el club, y Antonio Sánchez Montalbán quinto de los M60 con 31:01. Cerró la expedición Carlos Manuel Sánchez, puesto 175 de 190, con 38:12 y a 7’39 el kilómetro, de quien el cronista tiene información de primera mano porque es el cronista.

El tío del mazo, el del lactato, con el que me llevo regular, me estaba esperando antes del kilómetro uno, en el puente del Cartagonova (lo cual es todo un récord). A partir de ahí la carrera fue una marcha salpicada de trotecillos, ni siquiera CaCos propiamente dichos, de los que hablaré en un post venidero que promete ser polémico 😉 Y es que yo practico mucho el CaCo, pero todavía lo hago como con vergüenza y he desarrollado mis rituales: mirar el reloj como si estuviera haciendo series, atarme una zapatilla, cojear un poquito… Porque si eres corredor y vas andando a trechos, a no ser que te hayas fracturado la tibia o similar, es como si traicionaras una ley no escrita que ordena que el corredor corra desde que le da al botoncico del cronómetro hasta que llega a su destino. Y hay días que el cuerpecillo no me da.

Volviendo a la carrera, quedaba el laberinto. San Antón es un dédalo de calles que doblan, se cruzan y se vuelven a cruzar (con un par de subidicas cortas, pero empinadas), y para que ningún corredor se despistase la organización había desplegado peralicos con chaleco amarillo prácticamente en cada esquina del último kilómetro. En Francia están estos días sacando otra vez los chalecos amarillos para protestar; en San Antón el chaleco quería decir que había alguien ahí para ayudarte y señalarte por dónde se seguía. Yo, que a esas alturas lo que buscaba era una bocacalle por la que escaparme sin que nadie se diera cuenta, me encontraba en cada lugar propicio para perderme con un compañero o compañera animándome para que siguiera. No había manera de desertar.

Por el camino me adelantó uno de los chavales de la Hospitalidad. Corrían muchos subsaharianos supongo que acogidos en la casa y llegados en patera hace cuatro días, y algunos hicieron tiempos muy serios. De hecho, el segundo clasificado, tras Marcos Manuel Plaza, de Novelda, fue Adama Coulidaly, que corrió a 3:27. Este llevaba mala cara, y cuando se puso a mi altura y le pregunté si iba bien me dijo una sola palabra, asmatic. Le pregunté con señas si tenía Ventolín. Lo tenía en la casa. Me puse en modo responsable, a buscar con la vista a algún policía y a no perderlo de vista, y cuando me quise dar cuenta me sacaba cincuenta metros.

La sorpresa de la mañana la dio la mujer de Ramón, que se había inscrito en la marcha, se animó en el último momento, se puso a correr y acabó en cuarenta y uno, una marca que vale sobre todo por el valor que le echó. La marcha fue de tranqui, como debe ser: mi mujer y sus amigas, familias, vecinos, los críos que ya habían corrido lo suyo a las diez.

En la meta estaba Daniel, como he dicho, y estaba el resto del club, carpa incluida, con el buen humor de siempre, y pese a todo lo que llevo dicho sobre el mazo y las ganas de desertar, llegar allí y encontrármelos en cada vericueto del camino fue emocionante. Creo, sinceramente, que ha sido el mejor último kilómetro que he corrido (es un decir) jamás. Era una carrera para hermanarse. Y me sentí fraternalmente acompañado por la bendita humanidad. ¡Gracias compis!

Peralicos escoltando al 103 para que nadie lo pise.
Pablo y Toni, en su pique habitual…
Esta vez se lo llevó Pablo.
Ángel, esprintando para no perderse a su mujer y a sus hija en el podio.
«¡Ángel, Ángeeeel… Estamos aquí!» «¡No corras papá, bueno, sí!»
Ana, dándolo todo.
Montalbán, fajándose.
El Community: «Así era el mazo del tío del mazo…»
Isabel Valencia, una valiente.
Santa Manolita (por aguantar al Community y sacarlo del catre) que reclutó a Merima, Enida, Safia y Mirsad Krivdic para la marcha.

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Doce horitas

Leanne y Fernando, con la carita de felicidad de los supervivientes.

A las seis de la mañana del sábado 3 de octubre, todavía de noche, unos 250 participantes salieron del centro de visitantes Ricardo Codorníu, en Sierra Espuña, con las linternas encendidas, y el monte se llenó de una procesión de sombras con lucecitas que subían en fila por las laderas.

Soy minerooo
Y templé mi corazón con pico y barrena
Soy minerooo
Y con caña, vino y ron me quito las penas.
El sol tardó ese día 11 horas y media en recorrer el cielo, entre el orto y el ocaso.

En esa misma sierra, por la parte de El Berro, se cae a pedazos el viejo sanatorio de tuberculosos, con su clientela habitual de cazadores de psicofonías, así que cualquiera de esos que se pasan las noches grabando a los espíritus habría jurado que aquello era la santa compaña haciendo la ronda. No eran ánimas, eran senderistas muy animados, pues hay que estarlo para darse semejante madrugón y meterse semejante palizón en el cuerpo.

Joder, vale la pena…

Entre los valientes iban Fernando Quesada y Leanne, que completaron la XVI Vuelta a Sierra Espuña (56,37 kilómetros y 2.383 metros de desnivel positivo) en 12 horas y 19 minutos. Doce horitas. La trilogía de El Señor de los Anillos en versión extendida, de un tirón, ronda las once horas y media, con lo que aún sobraría tiempo para encargar un Glovo y varias pausas pipiseras.

¿Vamos bien? Bien, bien..

Por cierto, el centro de visitantes lleva el nombre de un cartagenero, Ricardo Codorníu, el ingeniero de montes que repobló Espuña cuando a finales del XIX aquello era un pedregal, de modo que cada pino que vieron durante el día, y vieron unos cuantos, se lo deben a un paisano.

Leanne se trajo una foto de los pozos de la nieve, dos cúpulas de piedra plantadas en un prado amarillo con la niebla todavía enganchada a los montes. Entre esos pozos también están los que el expediente de protección llama «Pozos de Cartagena o de los Zurdos». Durante siglos se apisonaba en ellos la nieve del invierno y, llegado el calor, el hielo se bajaba hacia las ciudades al atardecer y de noche, para que el sol no se lo comiera, y aun así por el camino podía perderse hasta la mitad del peso. Lo cargaban envuelto en paja, a lomos de mulas que llevaban unos 170 kilos, y así hasta que en 1926 abrió una fábrica de hielo en Totana.

La prueba la monta el Club Senderista Totana de manera altruista, y nació como un plan entre amigos que se fue consolidando hasta convertirse en una forma estupenda de conocer el parque. Es una marcha no competitiva. Leanne cuenta que fue una jornada especialmente técnica y dura, con los caminos recién llovidos y resbaladizos. Y que a partir del km 25 o así se le hizo bastante cuesta arriba, incluso cuando iba cuesta abajo.


Juanma Morell en la Media Maratón de Archena

Juanma Morell, por su parte, se fue ese sábado a Archena a la IV Media Maratón Archena Tu Paraíso, que este año albergaba el Campeonato de la Región de Murcia de Media Maratón y se corría sobre un circuito homologado por la RFEA, con la campeona olímpica de salto de altura Ruth Beitia como madrina. Hizo 1 hora y 27 minutos, a 4:08 el kilómetro, para quedar el 35 de la general y cuarto de M40, y para que os hagáis una idea, la campeona regional, Marta Belmonte, paró el reloj en 1:25:00, así que nuestro hombre anduvo rondando el podio femenino del regional. Su reseña cabe en una línea: «Bonita carrera, muy buen ambiente, muy buena bolsa del corredor» y os la recomienda, que viniendo de un tío que sabe de lo que habla, aunque no hable mucho, equivale a cinco estrellas en TripAdvisor.


Don Pepito y don José en la Maratón Mula-Caravaca

José Camero, como quien no quiere la cosa…
José Sedes, con la medalla que acredita que no es el único en casa que se zampa 42K de una sentada.

José Camero escribió al grupo que se había ido solo ante el peligro a la 42K Camino de la Cruz, la maratón que sale de Mula y termina en Caravaca dentro de la novena edición de la 90K. Lo de solo es relativo, porque por el mismo camino iba otro José del club, José Sedes, aunque cada uno a su ritmo. El recorrido va por la vía verde del antiguo ferrocarril, con tramos casi desérticos y otros arbolados, puentes y túneles, hasta que aparece el castillo de Caravaca y se entra en la Plaza del Arco para cruzar la meta, y Camero lo resume como «duro pero muy bonito, con la organización impecable de siempre». Paró el reloj en 4 horas y 31 minutos y se subió al cajón como tercero de su categoría (que casi se le olvida hasta mencionarlo). Sedes se lo tomó con otra filosofía y la hizo de tranqui, de paseo con amigos, en 7 horas y 23 minutos, que es casi tres horas más de vía verde, de túneles y de conversación. Lo cual me parece un planazo. A los dos, por cierto, la organización les ofrecía por 2 euros el Certificado de Peregrino, el Caravaquensis, que acredita haber hecho el Camino de la Cruz, y entre el que lo hizo deprisa y el que lo hizo despasico se lo han ganado de sobra.

José Camero (al no le sobra un gramo) se tomó la Mula-Caravaca casi como un calentamiento para Melbourne.
José Sedes, una semana después de ver a su Mar cruzar la Puerta de Bradenburgo, de peregrinaje con los amigos.

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París era una fiesta

Oh la la, monsieur Daniel!

El mismo domingo en que Mar se las veía con el frío de Berlín, Daniel participaba en la París-Versalles. De los días de allí nos ha dejado una foto en un barco por el Sena, con la Torre Eiffel a la espalda y un dorsal amarillo entre las manos que dice «Bonne course!», que es lo que te desean los franceses cuando saben lo que te espera. Se vino, después de hacer un carrerón, con un virus gabacho que lo ha tenido con fiebrones unos días.

Hemingway tituló sus memorias parisinas A Moveable Feast, una fiesta que se mueve, porque decía que París, si la has vivido de joven, se te queda dentro y va contigo adonde vayas. La París-Versalles se toma el título al pie de la letra y mueve la fiesta dieciséis kilómetros y doscientos metros: sale del muelle Jacques Chirac, al pie de la torre, sigue el río hasta Issy-les-Moulineaux, se mete en el bosque de Meudon y termina en la avenida de París, delante del palacio del Rey Sol (y no, a ese no lo guillotinaron, se libró por los pelos de la peluca) con más de veinte orquestas tocando por el camino. Este año iba por la edición 47 y había veinticinco mil dorsales.

Un paseíco…

Por medio está la Côte des Gardes, dos kilómetros de cuesta que los franceses nombran con el mismo respeto con que aquí hablamos de la Arista (por lo menos yo, que la respeto mucho y no me respeta nada), y que tiene hasta su propia alfombra de cronometraje en lo alto, para que quede constancia de quién la subió y en cuánto. Daniel la subió, la bajó y se plantó en Versalles en 1:44:59, a 6:28 el kilómetro y con 135 pulsaciones de media. Mon Dieu, c’est pas possible! A ese ritmo, cuesta incluida, cualquier mortal va con el corazón dando portazos, y él con el pulso de quien lee el periódico en el sofá. O este peralico tiene sangre de horchata o es pariente lejano de Induráin, aquel que dicen que andaba por la vida a 28 pulsaciones en reposo.

135 pulsaciones a 6.28/km? Un caso para el inspector Clouseau.

Iba bien acompañado (en la memoria), y así lo dejó escrito: la carrera se la dedica a Isabel Alcaraz, Andrés Lorente, Ramón Sobrino y Juan Luis Egea, con quienes completó su primera Grande Classique, que suena a vino con D.O. Burdeos, que alguno caería para celebrar.

La foto de meta también tiene su misterio: medalla al cuello, un enigmático cuatro dibujado con los dedos de una mano y en los pies, unas sandalias negras. Ummm… ¿Daniel se ha pasado a la moda de los pieds nus, que es como llaman allí a correr descalzo y que en francés suena a verso de Verlaine? Seguiremos informando.

Van cuatro… O va por los cuatro. Je ne sais pas!

Parejica en Valencia

Elena y Pablo, con las pilas cargadas.

Elena García y Pablo Hernández corrieron la 15K Nocturna de Valencia en su versión corta, la de diez kilómetros, y nos mandaron la foto de rigor: los dos con la camiseta del club (creo que la nueva), ella haciendo la uve de la victoria y detrás un cartel de la compañía eléctrica que patrocina la carrera, «Tu energía no conoce límites». Elena paró el crono en 1:04:41. A Pablo no pensaba buscarlo en la clasificación, porque me hubiera jugado el cuello a que entró con el mismo tiempo, o un segundo por detrás, escoltándola galantemente. Estos dos deben ahorrar un pastizal en luz, porque se cargan el uno al otro.

Problema de física: Si una peralica llamada Elena entra en meta en 1.04.41, ¿qué tiempo marcará un peralico llamado Pablo?
La solución.

Mientras tanto, en Totana

Está serio, nuestro Fernando. Concentrado…

Fernando Daniel Quesada, que es otro de los que no paran y tiene un apaño vitalicio con Iberdrola, se fue a Totana a correr la XX Charca Grande, Gran Premio Panzamelba, que lo que sea que premie, no premia panzas. Son 8,2 kilómetros con salida y meta en la pista del polideportivo, tres kilómetros y medio de subida sin tregua para empezar, una bajada técnica con un par de repechos de regalo y vuelta al tartán. Fernando la despachó en 35:48, a 4:21 el kilómetro, con 167 metros de desnivel en el reloj. De recuerdo se trajo un trofeo con la silueta del recorrido, que sirve para hacer el test de Roschard y para que no se le olvide por dónde ha sufrido.

¿Listo de papeles? Lo dudo. Fernando también es de los que juegan al despiste.
Aquí la prueba. Plata en Master 50.

Mayte, en Chiclana

De tranqui.

Y Mayte se plantó en Chiclana, en la prueba de la Guardia Civil de Cádiz. Se apuntó a la de senderismo, pero ella misma confiesa que se le escapó algún trote de contrabando. (No la detuvieron). Está floja aún, dice, aunque en la foto de meta, bajo el arco y con la visera colorá, no lo aparenta.

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El cielo sobre Berlín

Mar tocando el cielo después de volar a ras de tierra.

En junio de 1948 los soviéticos cerraron las carreteras, las vías y los canales que llevaban a Berlín Occidental, y los aliados respondieron por el único sitio que les quedaba libre, que era el aire. Durante casi un año aterrizaron aviones en Tempelhof cada pocos minutos, de día y de noche, cargados de harina, leche en polvo y carbón. Un día de julio, un piloto americano llamado Gail Halvorsen aprovechó un rato libre para acercarse a la alambrada del final de la pista, donde se juntaban los críos a ver bajar los aviones. Llevaba dos chicles en el bolsillo y se los pasó a través del alambre. Los que se quedaron sin nada se pusieron a oler los envoltorios, y a Halvorsen aquello le partió el alma. Les prometió que al día siguiente les tiraría más desde el aire. Para que supieran cuál era su avión, les dijo que al llegar lo balancearía de un lado a otro, ladeando las alas como quien saluda. Cumplió, y siguió cumpliendo: chocolatinas y caramelos colgados de paracaídas hechos con pañuelos, cayendo sobre una ciudad que llevaba años sin ver un dulce. Los críos lo esperaban en la valla gritando «¡Ónkel Vákelflúguel!», que viene a ser el Tíodelasalasbamboleantes.

Wim Wenders puso ángeles sobre Berlín. Nosotros, a una angelica.

El aeropuerto cerró en 2008, las pistas se quedaron ahí, kilómetros de asfalto sin nada que aterrizar, y hoy son un parque donde los berlineses montan en bici, vuelan cometas, hacen barbacoas y, el último fin de semana de septiembre, ven pasar a alguna cartagenera que abre la mochila y despliega una bandera que no han visto en su vida. La del submarinico. En son de paz, natürlich!

Dos Peraliken se lo monten in Deutschland.

Nuestra Mar estuvo allí bien acompañada. Había ido a correr el maratón de Berlín, el circuito donde han caído más récords del mundo que en ningún otro, el de Gebrselassie y el de Kipchoge, que hoy nos parecen poca cosa después de que en Londres otro par de africanos bajasen de las dos horas.

Haciendo historia.

El sábado tocó el Reichstag, que ardió y vio arder la democracia alemana. Y que hoy tiene una cúpula de cristal con una rampa en espiral por la que los visitantes suben a mirar desde arriba a los diputados para comprobar si trabajan o hacen como que… Mar sí que había hecho los deberes. Y lo que le esperaba al día siguiente tenía su miga, porque llegó a Berlín después de una lesión de larga duración. Arrastra el problema desde la Ruta de las Fortalezas y se ha pasado el verano entre algodones, entrenando lo que el cuerpo le dejaba y renegociando cada semana si la cita alemana seguía en pie. Siguió. El domingo se puso en la salida, cruzó la Puerta de Brandeburgo con la meta ya a la vista y paró el reloj en 3:46:14, a 5:22 el kilómetro. Su mejor marca está en 3:41, cinco minutos más abajo, y en esta casa sabemos lo que valen cinco minutos cuando entre medias hay un verano de fisio y hielo.

Hacía fresquíbiri, pero casi que mejor. Dicen que a partir de 15º el cuerpo baja prestaciones y cada grado te penaliza unos 2-3 minutos en meta.

Ya que hablamos de marcas, aprovechamos para recordar que el récord femenino del club sigue en manos de nuestra presidenta, Olga, con 3:33 a 5:03 el kilómetro. Viene a cuento lo justo, pero llevábamos tiempo sin presumir de presidenta y aquí no se desperdicia una excusa. («¡Presi, no dirás que no te hago la pelota!»).

Decía que estaba lesionada… ¡A ver esas radiografías!

Lo de Wim Wenders sí viene a cuento. En El cielo sobre Berlín, los ángeles vigilan la ciudad desde lo alto de la columna de la Victoria, escuchan lo que piensa la gente en el metro y en la biblioteca, lo saben todo y lo miran todo desde fuera. Uno de ellos, Damiel, se harta de tanta eternidad y renuncia a las alas para poder hacer lo que hacen los mortales: pasar frío, frotarse las manos, tomarse un café en un puesto callejero, notar por fin el peso de su propio cuerpo. Si alguno de aquellos ángeles seguía por allí el domingo, tuvo a quién envidiar: una corredora tocada desde la primavera, con cuarenta y dos kilómetros en las piernas, un dolor que ya era solo suyo y una medalla colgada del cuello.

¡Enhorabuenen!
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Las cuestas de septiembre

No hay constancia oficial de qué emperador se colgó la medalla del acueducto: ¿Trajano, Adriano, Vespasiano, Domiciano? Pero sí de que Rafa se colgó la medalla en el acueducto.

Vale, septiembre. ¿Fue septiembre, en serio? ¿O fue más de agosto, de julio, de junio y si me apuras de mayo? Más calor, más humedad, más de lo mismo, excepto por un ES ALERT por lluvias torrenciales como breve paréntesis. A los que corremos, la camiseta pegada de sudor a los cinco minutos nos hace la mar de sexis (a unos más que a otros, otras y otres), pero fuera de eso, no le veo ningún sentido. O sea, ya. Por favor. Yo ya no quiero veranos… Y encima que estoy bajo de electrolitos se me acumulan los deberes, porque no dáis tregua, cab…alleros, eras, eres… A lo que íbamos.

100K Madrid-Segovia

Las personas de bien cogen el coche y se van de Madrid a Segovia a comerse un cochinillo. Son 92 km, pero les merece la pena. Luego un paseíto y lo quemas, eso, si no comiste postre… Los corredores redondeamos, porque 92 no es una distancia homologable, y lo del cochinillo es opcional. Y además quemas las calorías antes de pegarte el homenaje. Por triplicado o cuadruplicado, como las instancias. Posiblemente podrías comerte un par de jabalíes, como Obélix, para compensar.

Rafa casi no coge en la foto de orgullo, literalmente.

La barbaridad del mes la firmó Rafa García en la Madrid-Segovia Xtreme: 101,8 kilómetros, según la hoja de ruta, y 13 horas y 50 minutos para liquidarlos.

La cosa empieza a las cinco de la mañana en Plaza de Castilla, con frontal, y termina debajo del Acueducto. Entre medias: Tres Cantos, Colmenar, Manzanares el Real, Mataelpino, La Barranca, Cercedilla, el Alto de la Fuenfría y la Cruz de la Gallega. (El recorrido me trae muchos recuerdos de la mili, que hice por aquellas tierras y con una boina verde en la cabeza, que por entonces tenía pelo). Y por si cien kilómetros no fueran entretenimiento suficiente, buena parte del recorrido no está balizado: GPS obligatorio. Se puede sufrir, pero conviene no perderse. Rafa salió de Madrid de noche, vio amanecer por el camino y casi 14 horas más tarde apareció por Segovia tan campante, sonriendo, además…

A mí esta carrera me impresiona especialmente porque en 2022 estuve en Segovia entrevistando al historiador Antony Beevor y coincidí con la llegada. Llevaba mucho tiempo sin correr, y me quedé mirando a aquellos tipos aparecer uno detrás de otro. Llegaban hechos polvo, claro, pero con la aureola de los héroes de Marvel. Aquella imagen se me quedó dentro. Un año después volví a ponerme las zapatillas. Nunca había relacionado una cosa con la otra hasta ver ahora las fotos de Rafa.


Subida a la Santa de Totana

Fernando y Leandro, la Patrulla Águilas.

La Subida a La Santa no tiene mucho misterio: se sale de la plaza de la Constitución de Totana y se termina arriba, en el Santuario de Santa Eulalia. Entre una cosa y otra hay 7,33 kilómetros de asfalto y 317 metros de desnivel positivo. No hay trialeras, barro ni pedruscos a los que echarles la culpa. La carretera, sencillamente, se pone cuesta arriba. Muy cuesta arriba. Este año se juntaron 292 corredores y entre ellos estaban Fernando Quesada y Leandro Miras.

Leandro, que no da opción a sus rivales en la categoría de mayores de 70, volvió a hacer lo de siempre: correr como si el documento nacional de identidad fuera una opinión. Primero de su categoría. Y encima se llevó un jamón. Fernando tampoco volvió de vacío: tercero en mayores de 50. Hay podios que dan prestigio y podios que te solucionan unas cuantas cenas.

Leandro presumiendo de su tercera pierna. Así cualquiera…

Garbancito en La Unión

Un solo garbazo no hace un cocido. Pero un garbancito y un peralico casi es una olla gitana…

Téllez se fue al Cross Solidario Villa del Garbanzal, por los montes de La Unión: 5,5 kilómetros y 120 metros de desnivel positivo y negativo, que no sé muy bien qué significa, pero debía de ser bastante rompepiernas. Subes, bajas, vuelves a subir y cuando empiezas a sospechar que ya lo has visto todo, aparece otra cuestecita. La carrera era además totalmente solidaria, con una organización que Téllez calificó de estupenda.

Téllez, luciedo la camiseta peralica como si fuera un traje de Emidio Tucci.

Un misil en Madrid y otras noticias de impacto

Dani usó unas zapatillas experimentales propulsadas por microrreactores nucleares color verde uranio.

Dani, del clan de los Puyosa, corrió en Madrid un 10K a 3:50/km. Yo a veces pruebo a mover las piernas todo lo rápido que puedo, durante cien metros, y nunca he bajado de 4 minutos.

Armando estiró las piernas en Paterna…

… Y Fernando voló en Rafal

Fernando Montero, a 4.30 en el 5K de la localidad alicantina.

Medición milimétrica

Dani y Eduardo Armada se tomaron muy en serio la medición oficial del circuito de la Carrera Hospitalidad Santa Teresa 2026, en la que nuestro club participa como organizador. Se presentaron con cinta métrica, astrolabio, sextante y, para medir el desnivel, sacaron el teodolito. Porque nunca te puedes fiar solo del GPS. Resultado: 5 kilómetros justos. Ni un centímetro más ni uno menos, salvo que alguien descubra una trazada de Fórmula 1 por las curvas y se suba a las aceras, traicionando la deportividad y engañándose a sí mismo. La investigación concluyó, como mandan las reglas del sportmanship, en el mítico bar Casablanca.

«Eduardo, la salida es en la Hospitalidad, ¿pero y si nos traemos la meta al Casablanca?». «Dani, no líes, ya hemos medido».

Uniformados y calentando motores

Buena gente por una buena causa. ¡Qué formalicos parecen!

Y una de las imágenes más bonitas del mes fue el entrenamiento conjunto por el recorrido de la Hospitalidad Santa Teresa. Se recuperó una vieja costumbre del club: quedar, salir juntos y hacerlo con la equipación peralica. El community se lo perdió por una gripe, así que espera que se repita.

Las hazañas de final de mes: maratón de Berlín y París-Versalles incluidas, en la siguiente entrega. Me voy a cama, que mañana (hoy ya, que es más de la 1) corremos juntos…

¡Nos vemos!

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Postales infernales… estooo… veraniegas

«Desde el Mar Menor a Uluru, con amor».

Si yo fuera vuestra abuela estarías todos castigados, pero como soy vuestro community aquí estoy otra vez, cual Homero, cantando vuestras hazañas… Oh Musa, dame valor para decirles que con estos calores y estas humedades debería estar prohibido salir a darlo todo… ¿No? Pues nada. Pero si alguien quiere saber mi opinión, el único ejercicio que deberíais haber hecho hasta septiembre es agitar el cubilete del parchís, a la sombra de una parra y conectados a un gotero de horchata.

En fin, esta vez os lo pasaré por alto porque un verano sin postales es menos verano.


José Miguel, Tony y Pablo pasearon la bandera peralica a 3482 metros de altitud. Por lo menos, no pasaron calor, que en lo alto de Sierra Nevada nunca apagan el aire acondicionado…

Nuestros departamentos de informática y finanzas celebraron una cumbre en la cumbre de la península.
Un especimen de Ovis Orientalis Musimon felicitó a Pablo por su reciente premio Muflón: «¡Cama… beeee… rada!»

Paola y Ángel hicieron cosas que pocas parejas pueden hacer a 4:34 por km… No seais malpensados. Acompañarse, darse ánimos, picarse mutuamente. Esas cosas que hacemos los corredores. Salieron a la vez, entraron (casi) a la vez y Paola de paso se llevó la primera de su categoría.

Se aburrían una tarde de julio y se dijeron: «Para sudar la gota gorda sin hacer nada, la sudamos en movimiento».
Peralicos tortolicos.
And the winner is… ¡Paolaaaaaaaa!

Xavi se perdió en los Pirineos. Senda de Camille, 120 km de montañas, siete etapas, siete refugios; ya nos contarás…

A que dan ganas de salir a estirar las piernas…

Téllez, Fernando, Camero, Luisa, Dani y Nacho hicieron el Cross de las Iglesias. No se fueron muy lejos, pero no hace falta irse lejos para sufrir, que en nuestro querido y pobre exoplaneta azotado por el cambio climático se sufre divinamente, como en todas partes.

Téllez aprovechó el microclima que proporcionan las teselas de sombra de la calle del Carmen para esprintar. Y ya del tirón..
Dani posando para una nubecilla de fotógrafos.

Nuestras peralicas Natalia y Bárbara (aunque no haya fotos, todavía estáis a tiempo de pasar alguna) estuvieron muy bien acompañadas en Portmán por Téllez, Alberto, Tony, Pablo, Fernando Montero y José Pedro.

Por la izda, Pablo, José Pedro, Fernando M. y Tony. Faltan unos cuantos (y cuantas)…
Aquí hay más, algunos repes, pero siguen faltando. El dorsal 90, Luis Egea, al parecer es un infiltrado de Los Dolores…
Un flash back a 2016… Parece que fue ayer.
Y otro a 2002. Parece que fue anteayer.
Téllez (en la imagen) y Fernando Montero hicieron podio.
Fernando es una apuesta segura a la hora de subir al cajón.

Decir que la presencia peralica en el cross de Cabo de Palos fue nutrida es quedarse corto. Corrieron ciento y la madre… Juanma Morell marcó el paso a 4.12. Ricardo, Téllez, Pablo, Tony, Yepes, Ramón, Ángel, Paola, Miguel, Camero, Luisa, Tamara, José Pedro, Andrés y Velez aprovecharon su rebufo.

A estos no los tengo controlados. ¿Alguien sabe quiénes son?

La del burro de Perín tiene buena pinta. Creo que la haré el año que viene. Los peralicos participantes acabaron muy contentos… Y las carreras nocturnas me ponen, aunque yo no sea muy de trails 🙂

Si eso no es disfrutar… Pero Armando tiene mucho peligro, que se merienda las trails y maratones como si fueran bollycaos.
Msm y las amigas y/o familiares de Msm, me imagino.
Nacho aporta prueba documental de que había antorchas, de las garrafas de agua fría nos basta con su palabra.

Águilas es como el segundo hogar de los peralicos.

Fernando Quesada «rompió el silencio» con el atleta, bombero e influencer Jaime Domínguez.
Y Leandro lo petó en el Ciudad de Águilas. Un crack sin obsolescencia programada, de los que ya no se fabrican.
Y lo volvió a petar en la nocturna Alcalde de Águilas. Aquí junto a otro crack. Dios los cría…

Mientras tanto, en algún lugar de la línea de sombra, Juan Pedro nos eclipsó.

Camero nos sorprendió a todos con un homenaje muy especial.

Verdeliss y Camero, dos leyendas.
Camero nos muestra su título de Doctor en la distancia mítica.

Nuestro equipo de ‘scouting’ inspeccionó el circuito de la Fuente del Sapo haciendo un croquis de pedruscos sueltos para evitar tropiezos el día de la carrera.

Y un final por todo lo alto. O por todo lo bajo, porque el amigo Pepe Lacárcel se fue a las Antípodas. Nuestro tercer peralico en Sidney.

¡Enhorabuena Pepe! ¿Dónde hay que firmar un 5h53? Y corriendo boca abajo, que se te sube la sangre a la cabeza…


Además, Tomás Martínez Pagán glosó la historia del club decano en el diario decano.

Aquí os podéis descargar el PDF:

En definitiva, un veranito de lo más completo. Y eso que ha sido el más caluroso de la historia, si llega a hacer un poco menos de caló, yo también hubiera salido a darlo todo 😉

Esta era la foto buena, todos con los ojos abiertos.

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MARATÓN DEL RÍO BOEDO

Nuestro incombustible Camero ha completado su maratón número 63 en Río de Boedo, y lo ha hecho de una manera muy especial: En honor a nuestro Juanlu.

Con esta maratón, Camero iguala el record social del Club de más maratones que hasta ahora ostentaba nuestro querido y recordado Juan Luis «Juanlu» Egea.

Una maratón muy especial con inscripción gratuita, ambiente familiar y un recorrido de tres vueltas por un circuito de pista junto a la orilla del río Boedo. Buena temperatura al comenzar aunque el calor se hizo notar en los kilómetros finales.

¡Enhorabuena Camero por estas 63 maratones!

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Cena del club – Premios y reconocimiento

Peralicos y Muflones: reconocimiento al esfuerzo y la constancia

Hay metas que se celebran con una medalla. Otras merecen algo más: el reconocimiento de todos los compañeros con los que compartimos kilómetros, madrugones, entrenamientos y aventuras.

El Club Marathon Cartagena mantiene la tradición de otorgar los premios Peralico y Muflón, unas distinciones que reconocen la participación y el compromiso de nuestros atletas representando al club en pruebas deportivas de especial exigencia

Los Premios Peralico distinguen a los corredores que alcanzan hitos maratonianos vistiendo los colores del club:
Peralico de Bronce: 1 maratón completada.
Peralico de Plata: 5 maratones completadas.
Peralico de Oro: 10 maratones completadas.

Por su parte, el Premio Muflón G2 reconoce a los atletas que han completado cuatro carreras de montaña, maratones alpinos, maratones de montaña o trails de larga distancia, entre 42 y 102 kilómetros.

Durante la cena de gala del club, a celebrarse el viernes 19 de junio de 2026, tendremos el honor de reconocer a los siguientes compañeros:

Muflón G2 (42K – 102K)
– José Pedro Cegarra Nuñez
– Leanne Rebecca Miller Hayhurst
– Antonio Pérez García
– Pablo Pérez Esparza
– Armando Mayordomo García
– Francisco Javier García Blázquez
– José Francisco Sedes Romero

Peralico de Bronce
– Alfonso Martínez Martínez
– Carlos Daniel Casadevall
– José Antonio Téllez Almodóvar
– José Juan Wandosell Amate
– José Miguel Navarro Azorín

Cada uno de estos reconocimientos representa muchas horas de entrenamiento, sacrificio, constancia y pasión por nuestro deporte. Detrás de cada nombre hay una historia de esfuerzo que merece ser celebrada.

Además, la Junta Directiva ha aprobado un reconocimiento especial, cuya concesión será anunciada durante la propia cena de gala.

Desde el Club Marathon Cartagena queremos felicitar a todos los premiados y agradecerles que sigan llevando el nombre del club a cada línea de salida y a cada meta. Porque los kilómetros pasan, las carreras terminan, pero el ejemplo y la inspiración que dejan los compañeros permanecen.

¡Enhorabuena a todos!

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