Los 60 maratones de Camero

Camero, con más medallas que un almirante. (Y solo trajo las de las últimas carreras).

Hubo un tiempo en el que los peralicos celebraban estas cosas. Un maratón, pues venga: se quedaba para tomar unas cervezas, se comentaban las anécdotas de la carrera (y del viaje), se brindaba por el que había hecho la hazaña (que muchas veces eran un montón). Luego, como pasa con todas las buenas costumbres, la cosa decayó. Hasta ahora. Porque el miércoles pasado recuperamos la tradición con la excusa más gorda que podíamos encontrar: los sesenta maratones de José Ramón Camero Fuentes.

Sesenta.

El caso es que nos sentamos a cenar y a charlar. Y yo hubiera ido con la intención secreta de sacarle chicha al homenajeado. Que un periodista lleva una grabadora mental que no se apaga nunca, y sesenta maratones tienen que dar para una epopeya. Para tres epopeyas. Para un ciclo artúrico completo con su caballero, su grial y sus dragones.

Pero como ya me voy conociendo el percal, ni me lo planteé. ¿Pa qué?

Camero, que es muy capaz de describirte cualquiera de sus 60 maratones con un titular que un redactor jefe te tacharía en rojo: “Bien”. “Hizo calor el final”. “Había mucha gente y costaba coger el ritmo”. “A por el siguiente, mientras el cuerpo aguante”. ¿El titular tachado? ¡Te tacharía la crónica entera!

Al principio me frustraba. Yo, que llevo toda la vida intentando que la gente me cuente cosas. Miraba la chatarra gloriosa de su última docena de medallas encima de la mesa y pensaba: hijo mío, si yo solo he corrido un maratón en mi vida, y fue hace cuarenta años, y todavía se lo cuento a cualquiera que se deje.

Pero esa noche empecé a entender que el laconismo de Camero no es timidez, ni modestia. Es otra cosa. Y no es solo Camero. Es Téllez, es Dani, es Mar, de la que todavía recuerdo un: «Se hizo durillo». Son todos. Los que llevan años corriendo distancias que les exigen todo lo que tienen, y cuando les preguntas te responden como si les preguntaras, en la caja del Lidl, qué tal las hojas esas de parra con algo raro dentro que se compró cuando la semana griega.

Y es que correr distancias respetables —respetables para ti, que lo mismo son cinco kilómetros que cuarenta y dos— te enseña algo que no viene en ningún manual de autoayuda ni en ningún podcast de desarrollo personal, aunque ahora todo el mundo hable de estoicismo como si lo hubieran inventado los de Silicon Valley. Te enseña a ponderar. A distinguir lo que importa de lo que no importa tanto. Porque cuando llevas treinta kilómetros y las piernas están en huelga y el cerebro te pide que pares y el estómago te avisa de que como sigas va a tomar decisiones por su cuenta, aprendes que, en ciertos momentos, las palabras sobran. Que lo que importa es el siguiente paso. Que la pájara del kilómetro treinta y cinco no necesita un soliloquio shakespeariano, necesita que sigas andando hasta que se pase o no se pase, y si no se pasa, pues te sientas un rato y luego sigues. O te retiras… Que tampoco pasa nada. Las cosas vienen y las cosas se van. El dolor viene y el dolor se va (aunque a veces solo se va a un segundo plano). Y cuando cruzas la meta y alguien te pregunta qué tal, dices «me salió una ampolla, pero no estuvo mal». Lo demás lo llevas dentro y no tiene traducción.

Me acordé esa noche de un libro que compré hace siglos, un americano que en los años ochenta escribía sobre maratones cuando correr maratones no estaba de moda. No me acuerdo del título ni del autor, pero me acuerdo de dos cosas que decía. La primera: que correr te da buena salud y lesiones. Las dos, inseparables, como el anverso y el reverso de la misma moneda. Y es verdad, porque mira que muchos andamos cojos de vez en cuando, con nuestras rodillas y nuestras fascitis y nuestros tendones protestando, y lo contamos con la misma naturalidad con la que los abuelicos comentan en la sala de espera del centro de salud que si la artrosis o la próstata. Sin drama. Sin épica. «Me molesta el sóleo.» «Tengo la cintilla jodida.» «Me ha dado un tirón en el gemelo.» Y vuelta a correr en cuanto se puede, que es siempre antes de lo que el médico recomienda.

La segunda cosa que decía aquel americano es que un domingo salió a correr y pasó por delante de una iglesia a la hora de misa. Un vecino lo vio y le soltó que iría mejor yendo más a la iglesia y corriendo menos. Y el corredor, que evidentemente llevaba ya unos cuantos kilómetros encima y estaba en ese estado de beatitud o bordería, según te pille el cuerpo, en el que dices cosas que normalmente no dirías, le contestó que en los últimos diez kilómetros había hablado con Dios más que toda la congregación junta cantando salmos.

Yo no soy religioso y no voy a meterme en camisas de once varas teológicas, y menos en un día como hoy, viernes de Dolores, pero reconozco una verdad cuando la oigo. Porque rezar, al fin y al cabo, es hablar contigo mismo con la esperanza de que alguien te escuche. (Y si es omnipotente, mejor). Y correr, cuando llevas el rato suficiente, es un poco eso. Una conversación larga y honesta contigo mismo en la que no puedes mentir porque el cuerpo no te deja. Te duele o no te duele. Puedes o no puedes. Estás aquí o quieres irte a casa. Y en esa conversación descubres cosas que sentado en el sofá no descubrirías nunca, porque el sofá es cómodo y la comodidad es el enemigo natural de preguntarte cosas.

No digo que correr te haga filósofo. Digo que te hace un poco más capaz de encajar lo que venga (en las carreras y, quizá, con suerte, también en la vida) sin necesidad de decorarlo con adjetivos. Los peralicos que llevan años en esto no cuentan sus carreras con épica porque no la necesitan. La épica es para los que gustan del postureo, que por algo hay gente pa tó.

Así que brindamos por Camero y sus sesenta. Y ese confesión suya, que sí valdría un titular: “Y nunca he ido a un fisio”.

Eso no es ser estoico, es ser duro de pelar.

Siempre hay una buena razón para celebrar, y si la compañía es buena, más razón todavía.

Publicado en Eventos | Deja un comentario

«Ni para chóped»

VIII Trail de Alumbres

«Las piernas ni para chope.» Eso escribió Jorge Hernández Marí, que es un chollo para periodistas porque va por ahí regalando titulares, por el grupo de WhatsApp el domingo a mediodía, recién salido del VIII Trail de Alumbres, y la frase se quedó flotando en el chat como esas verdades que no necesitan explicación. Ni para chope suena mucho más potente que chóped, aunque la RAE prefiera esta última acepción. Hay algo en esa expresión que va más allá de las piernas cansadas. Existe una película sobre Vietnam, La colina de la hamburguesa, que cuenta cómo los que mandan se empeñan en conquistar una cota sin ningún valor estratégico y envían oleada tras oleada de chavales a hacerse picadillo contra unas posiciones que al día siguiente van a abandonar de todos modos. El Trail de Alumbres no es exactamente la colina 937 de la provincia de Thua Thien, pero a tenor de los mensajes que fueron llegando al grupo a lo largo de la mañana, algunos peralicos debieron de sentir un parentesco espiritual con aquellos pobres marines o con sus enemigos del Vietcong, que también eran chavales y quizá incluso podían haber sido colegas en otras circunstancias.

Los marines (por la izda): Mayordomo, Téllez, Alfonso y Jorge, que regaló el titular. A juzgar por las caras, antes de pasar por la trituradora.

La diputación cartagenera de Alumbres se estrenaba en la Liga Trail Tour FAMU con dos distancias —22,5 kilómetros para la TTF-Classic y 18,5 para la Short Trail, que además acogía el Campeonato de la Región de Murcia de Trail Running por equipos— en una mañana de esas «perfectas para sufrir»: sol, monte y casi quinientos metros de desnivel positivo para los de la corta. Salida y meta en el Pabellón de Alumbres, organización del Club Deportivo Alumbres Sport con la colaboración del Ayuntamiento de Cartagena, la FAMU y Repsol. Ocho peralicos se metieron en la aventura y volvieron todos, aunque seriamente loncheados.

En los 22,5K, José Miguel Navarro Azorín marcó el camino con 2:06:23 a 5’37» por kilómetro, puesto 66 de la general. Un minuto después cruzaba José Antonio Téllez Almodóvar con 2:07:32 y un 5’40» de ritmo que le valió la segunda posición en la categoría M55M. Téllez en un trail es como esos jugadores de mus que no dicen nada en toda la partida y luego te levantan un órdago a la grande sin cambiar la expresión de la cara: no hace ruido, no se queja, no sube stories al kilómetro doce con la lengua fuera, y cuando miras la clasificación resulta que ha hecho plata.

El propio Jorge, el del embutido, completó la distancia en 2:21:23 a 6’17», y confesó por el grupo que a cierta altura del recorrido no paraba de preguntarse por qué se había apuntado a los 22 y no a los 18, que son el tipo de reflexiones existenciales que produce un trail cuando llevas dos horas machacándote en una sierra y empiezas a sospechar que la versión corta de la prueba también incluía todos los paisajes bonitos pero con cuatro kilómetros menos de penitencia. Le siguieron Ignacio Vélez Garcerán (2:31:30, a 6’44»), Armando Mayordomo García (2:35:04, a 6’53»), que vino desde tierras valencianas, y Miguel Pérez Gracia, cerrando la representación en la larga con 2:57:27 a 7’53».

Ojito con Natalia

En la distancia de 18,5K, mucho ojito con Natalia García Correa: segunda en la categoría S23F con 1:59:18 a 6’26» de ritmo. Natalia lleva una temporada que pide más espacio del que cabe en una crónica, y conviene ir tomando nota de su nombre porque da la impresión de que vamos a escribirlo bastante en los próximos meses. Alfonso Martínez Martínez completó la representación del club en la Short Trail con 2:22:37 en la categoría M60M, demostrando que los sesenta son un número que solo preocupa a los que no corren.


LIII Media Maratón de Elche

La ciudad de Elche celebraba el domingo la quincuagésimo tercera edición de su media maratón, que presume de ser la más antigua del mundo en activo sobre la distancia. Se corre desde 1968, cuando las Vaporfly eran unas bambas de lona que habías heredado de tu hermano mayor y no había placa de carbono, ni falta que hacía, porque lo que te preocupaba no era la reactividad del calzado, sino que la suela no se despegase jugando al fútbol en el patio del colegio. Y si se despegaba, tampoco pasaba nada, porque así era como el zapatero se ganaba su jornal.

Más de 6.100 inscritos se dieron cita en un recorrido llano y urbano que atraviesa el Palmeral, declarado Patrimonio de la Humanidad, que convierte ciertos tramos en algo parecido a correr por un oasis. Yo cada vez que voy a Orihuela también aprovecho para estirar las piernas por su precioso palmeral, así que no me es ajena la experiencia de trotar con la sensación de haberte colado en un decorado bíblico.

José Pedro Barrancos Pérez representó al Club Maratón Cartagena entre los 4.500 corredores de la media y cruzó la meta con 2:19:10. Su resumen es un ejercicio de concisión: «Jo, qué calor.» Los últimos kilómetros, confiesa, se le hicieron eternos, que es la forma cortés de decir que el sol ilicitano en marzo aprieta como si ya fuese junio, pero rescató del sufrimiento un tramo entre palmeras que le arrancó un «genial» sin reservas. La Media de Elche, con sus casi seis décadas de historia y su recorrido prácticamente plano, es una de esas pruebas que todo corredor popular debería hacer al menos una vez.


Mariano García, campeón del mundo del ‘milqui’

Y mientras los peralicos lo daban todo por esas sierras o entre palmeras datileras, en Torun (Polonia), un paisano al que le dijeron que su manera de correr —ponerse en cabeza y tirar hasta reventar— no funcionaba en el alto nivel, lo que hizo fue ponerse en cabeza y tirar hasta reventar a sus rivales en un Mundial. Mariano García, La Moto, de Cuevas de Reyllo, ahí al lado, en Fuente Álamo, se proclamaba campeón del mundo de 1.500 metros en pista cubierta. Un tío que empezó a correr de crío para escapar del perro de un vecino en el camino al colegio. Le tengo un gran aprecio personal —tuve la suerte de entrevistarle en 2023 para XL Semanal— y puedo dar fe de que su sencillez y simpatía. Aquí os podéis descargar aquel reportaje.

Publicado en Eventos | Deja un comentario

Vuelven las celebraciones de maratones al Club Marathón Cartagena

En el Club Marathón Cartagena siempre hemos tenido una tradición que nos define tanto como correr: ¡compartir! Durante años, hemos celebrado juntos los maratones conseguidos por nuestros compañeros, reuniéndonos en un ambiente distendido para brindar por el esfuerzo, la constancia y la ilusión que hay detrás de cada meta cruzada.

Con el paso del tiempo, esta bonita costumbre se fue perdiendo… pero ha llegado el momento de recuperarla.

Desde la nueva Junta Directiva queremos retomar estas celebraciones como parte del programa del mandato 2025-2029, y qué mejor ocasión que hacerlo coincidiendo con un hito muy especial: nuestro compañero Camero ha alcanzado en la Zúrich Marató de Barcelona del pasado 15 de marzo de 2026 la impresionante cifra de 60 maratones completados vistiendo la camiseta del club. Un logro que merece, sin duda, ser celebrado como se merece.

Celebraremos a todos los atletas del club que han corrido al menos una maratón entre enero de 2025 y marzo de 2026. Próximamente publicaremos en este mismo espacio el listado completo de corredores, para dar visibilidad a su esfuerzo y dedicación.

Por supuesto que el evento es para todos los socios del club y familiares, sin importar si hemos corrido una maratón, una milla, andado o simplemente ido de sherpas o palmeros a alguna carrera.

📅 Fecha de la celebración: miércoles 25 de marzo de 2026
🕗 Hora: a partir de las 20:00 h
📍 Lugar: por determinar (en función del número de asistentes confirmados)

Para organizar mejor el encuentro, os compartimos esta información y una encuesta en el grupo de WhatsApp del club. Os pedimos que participéis para estimar el número de asistentes y poder reservar el local más adecuado para la ocasión.

Será una oportunidad perfecta para reencontrarnos, compartir experiencias, anécdotas de carrera… y, por supuesto, seguir haciendo club.

¡Os esperamos!

Publicado en Eventos | Deja un comentario

«Mi Luisa»

Zúrich Marató de Barcelona, 15 de marzo de 2026

José Ramón Camero lleva el nombre de Luisa en el dorsal. Hay quien dice que detrás de cada gran hombre hay una gran mujer, que es una frase que suena bonita pero que a mí me parece una chorrada. Primero porque hay más (muchas más) grandes mujeres que hombres, al menos esa es mi experiencia. Y cuando se juntan un gran hombre y una gran mujer, eso no implica que una de las dos personas vaya detrás. Y cualquiera que haya visto a Camero y a Luisa correr juntos sabe que van al lado, que es como van las parejas que funcionan. La Zurich Marató de Barcelona ha sido este domingo la número sesenta de Camero, y la ha corrido con esas dos palabras escritas sobre la camiseta azul: Mi Luisa.

¿Haway Cinco-Cero? No, Camero Seis punto Cero, próximamente en Netflix.

¿Hacemos cuentas? Sesenta maratones son dos mil quinientos treinta y un kilómetros y unas doscientas cincuenta horas de carrera. Y eso sin contar las populares, los 10K, las medias y todo lo que no lleva la etiqueta de maratón. Esos 2531 km (más las propinas) es la distancia que separa Cartagena de Estocolmo, adonde probablemente Camero llegaría antes corriendo que yo en mi coche, porque yo tendría que hacer paradas para respostar, comer, dormir. Y Camero no pararía ni en los avituallamientos y es bien sabido, además, que los marinos duermen con un ojo abierto y otro cerrado, que en la mar no te puedes descuidar ni en brazos de Morfeo.

O, si lo calculamos desde Ushuaia, que es un punto de partida que a Camero le resulta familiar, 2.531 kilómetros hacia el sur te meten directamente en la Antártida, o por las islas Livingstone o en Isla Decepción, depende del derrotero que elijas. Claro, aquella parte es un pelín húmeda como para ir a pie. Y lo de caminar sobre las aguas se lo vamos a dejar a Jesucristo, que es el único con el currículum adecuado para el puesto, y aun así por el Mar de Hoces lo tendría complicado, porque una cosa es obrar milagros y otra muy distinta mantener el equilibrio con olas de quince metros.

Camero ha cruzado la meta con un tiempo neto de 3:58:31, por debajo de las cuatro horas, a ritmo de 5:39 el kilómetro. Su maratón número sesenta. Seis-cero. En la categoría M60 ha entrado el 215 de los que acabaron. No es que Camero compita contra nadie a estas alturas, pero el dato está ahí para quien quiera valorar lo que significa bajar de cuatro horas en tu sexagésima maratón con más de sesenta años. Honor y gloria para nuestro José Ramón y su Luisa. Hay que quedar a tomar una cerveza para comentar la hazaña.


Quinto absoluto en El Valle

El Valle Trail 2026 — 26K Extreme, Parque Regional de El Valle y Carrascoy, La Alberca — Sábado 14 de marzo

Miguel con la camiseta del 25 aniversario y sonrisilla de ¿26k, a mí? Hombre, por favor…

A Miguel Pérez Saura (Mibu en el dorsal y en el WhatsApp), yo no lo tenía controlado, así que asumo que es otra incorporación de nuestra política de fichajes que ni el Madrid de Florentino. Si es así (aunque puedo equivocarme porque soy un community novato), se estrenó con la camiseta del club y lo hizo de una manera que no admite indiferencia: quinto de la general y tercero en categoría senior masculina, con un tiempo de 2:49:40. O sea, que este es de los ‘pros’. Como carta de presentación es envidiable. Y sin carta, también.


Los Lacárcel al milisegundo

Base Aérea de Alcantarilla — 14K y 5K — Domingo 15 de marzo

En la 14K, Antonio Pérez García tiró del grupo con 1:06:56 a ritmo de 4:46, seguido de Pablo Pérez Esparza con 1:09:05. José Miguel Rodríguez Ruz completó la distancia en 1:21:50. El Trío Calaveras. Y luego llegó uno de esos momentos que ya es una tradición en nuestro club: los hermanos Lacárcel Wandosell —José y Alfonso— cruzaron la meta con exactamente el mismo tiempo, 1:35:46. Andrés Segura Melón cerró la expedición de la 14K en 1:46:36.

En la 5K, además de María Teresa Díaz Galindo (que hizo doblete, pues el sábado corrió en La Manga) participó Bárbara García Solano, que completó la distancia en 26:42.

A estos sí que los tengo controlados, menos cuando descontrolan…
Cuando los Wandosell se clonan las peralicas se juntan.

Todo es posible en La Manga

VI Carrera Popular Virgen del Mar — La Manga del Mar Menor, 7.5K — Sábado 14 de marzo

Téllez volvió a hacer lo que Téllez hace siempre: correr como si tuviera veinte años menos y dejar a la gente preguntándose qué desayuna. Puesto 65 de la general, quinto de la categoría M55, 30 minutos y 9 segundos a un ritmo de 3:59 el kilómetro. Ignacio Vélez Garcerán completó la prueba en 43:15, Ana Sánchez Pedreño en 44:07, y María Teresa Díaz Galindo cerró la representación peralica con 51:57 en la categoría M60 femenina, novena de su categoría.

Ana entra en meta con una niña que siempre recordará esa entrada en meta.
Maite y Ana hacen de anfitrionas para el debut de Miguel Ángel con la camiseta del club.

Leanne ‘camina’ 21k «porque todavía estoy floja»

XIII Serranía de Librilla — Sábado 14 de marzo

Leanne Miller estuvo en Librilla haciendo la travesía «porque todavía estoy floja», recuperándose activamente del zarpazo del oso pardo. Lo de caminar es un decir, o más bien un eufemismo, porque fueron casi 3 horas a un ritmo de 8.38. Además, 21k por el monte a mí no me suena a estar floja, más bien me da flojera cuando lo pienso. «La carrera de Librilla es muy bonita, son 21Km de montaña, pero por pista forestal, nada técnica», cuenta. Paisajes de postal y una peralica con un número redondo en el dorsal.

Leanne disfrutando de las vistas… Y las vistas disfrutando de Leanne.

En total, dieciséis peralicos en cuatro pruebas distintas repartidas entre La Manga, La Alberca, Alcantarilla y Barcelona, más Leanne caminando por Librilla porque quedarse quieta no es una opción. Un fin de semana en el que el club ha cubierto desde los 5 kilómetros de asfalto hasta los 42 de maratón pasando por los 26 de trail, y en el que un señor de más de sesenta años ha cruzado la meta de su sexagésima maratón con el nombre de su mujer que no le cabía en el pecho.

Con el debido respeto: Descansad un finde, ¡cojones! Que me lleváis con la lengua fuera.

Publicado en Eventos | Deja un comentario

El oso pardo del Calvario

IV Cross Trail Villa y Condado de Santa Lucía | 8 de marzo de 2026 | 10 km, 333 m D+ | 3ª prueba Carthago Mountain League

En los montes de nuestro bonito exoplaneta habita un animal huraño al que los corredores despertaron prematuramente de su letargo invernal, aunque ya estemos en primavera. Tan mítico como el abominable Hombre de las Nieves. No tiene nombre científico ni ficha en el catálogo de fauna protegida de la Región de Murcia, así que lo bautizaremos como el Oso Pardo de los Vientos.

Los peralicos saben de su existencia desde que hace unas semanas, bajando la Atalaya, le arreó un zarpazo a Leanne en la rodilla, la dejó cosida a grapas y se volvió tranquilamente a su cueva como si nada. Hoy, en la cuarta edición del Cross Trail Villa y Condado de Santa Lucía, no sabemos si el mismo o un primo hermano de aquella fiera ha salido a recibir a los más de quinientos corredores que se han dejado las piernas por las cuestas de San Julián, la ermita del Calvario y el Castillo de los Moros. Diez kilómetros, trescientos treinta y tres metros de desnivel positivo, tercera prueba de la Carthago Mountain League y un viento en la alturas que también mordía.

Una peralica doblando una esquinica.

Leanne Miller Hayhurst, que se había quitado las grapas prácticamente anteayer, estaba a las diez de la mañana en la Plaza de la Marina Española con su dorsal puesto y esa cara que pone cuando alguien le sugiere que quizá debería descansar un poco más. Esa cara de «Are you talking to me? Pero qué me estás contando».

Leanne y Natalia no albergaban ni una sombra de duda, si exceptuamos la sombra del fotógrafo, en complicado escorzo para sacarlas derechas.

El personal de la ambulancia del 061, que ya la conoce, montó un dispositivo preventivo que algunos confundieron con la cobertura sanitaria oficial de la carrera, pero que en realidad era un operativo Leanne en toda regla. Cruzó la meta en 1:19:00 a un ritmo de 7:35/km, vigésimo segunda de su categoría, que en su caso no mide el rendimiento sino la temeridad: ni las cabras montesas pasan por donde pasa esta mujer, como apuntó con lucidez Téllez en el grupo. Esta vez el oso se quedó con las ganas. Leanne asegura haberle lanzado una hacha vikinga, y dado el historial, nadie en el club se atreve a dudar de su versión.

José Antonio Téllez Almodóvar, que normalmente sube y baja estas lomas como si tuviera un contrato de mantenimiento con la gravedad, también tuvo su encontronazo con el oso y se dejó parte de la piel de la rodilla en algún recodo del recorrido. Rasguños que Téllez luce con la discreción de quien corre diez kilómetros de montaña en 54:45 a 5:15/km, puesto 57 de la general y duodécimo de veteranos B, y considera que una rodilla pelada apenas merece mención en el parte de bajas. Si le preguntas, te dirá que no ha sido nada. Si le miras la rodilla, dirás que bueno, que tampoco ha sido para hospital, pero que gratis no le ha salido.

Ha nacido una estrella.

La gran noticia del día, sin embargo, se llama Natalia García Correa. Primera de categoría promesa femenina. En 1:01:23, a 5:54/km, puesto 135 de una general de más de quinientos. Nuestra joven promesa —¡vaya fichaje!— se ha subido a lo más alto con una naturalidad despampanante. Leanne, que no es de tirar flores a la ligera, ya la ve como futura campeona del regional de montaña, y en el grupo de WhatsApp se habla abiertamente de cláusulas de rescisión, de que la Directiva tome medidas urgentes tipo camisetas para que se pueda cambiar después de la carrera, regalos, y lo que haga falta para que no nos la quiten. Con razón.

Jorge Hernández Marí completó los diez kilómetros en 59:50 a 5:45/km, puesto 118 de la general. Ramón Pérez Galera cerró en 1:05:21 a 6:17/km en el 177. Alfonso Martínez Martínez, noveno de veteranos C, firmó 1:14:34 a 7:10/km. Y Miguel Pérez Gracia, veterano B, acabó en 1:15:52 a 7:17/km.

La prueba, organizada por la Asociación de Vecinos de Santa Lucía, la Asociación Cultural El Pinacho y el club Mudos Trail con el Servicio de Deportes del Ayuntamiento, se ha consolidado como una de las citas fijas del calendario trailero cartagenero. Este año, además, la carrera era solidaria a beneficio de Accesdeluz, la Asociación de Catarata Congénita de España, y la jornada arrancó con el izado de la Bandera Nacional en la plaza y las carreras infantiles antes de que los mayores se lanzaran como críos cuesta arriba.

En la trastienda del grupo, otra buena noticia: bienvenido Miguel Ángel Álvarez, nuevo socio del Magnífico y Decano. Que le vayan explicando lo del oso, que sepa dónde se ha metido.

Publicado en Eventos | Deja un comentario

Armando y las cosicas del Strava

Armando Mayordomo García vive en un pueblo de Valencia y el domingo se plantó en Serra con el dorsal 110 para correr la XI Marató de la Calderona, una carrera de montaña de cuarenta y tres kilómetros y medio con dos mil trescientos metros de desnivel positivo que Strava, con esa capacidad suya para banalizar el sufrimiento ajeno, clasificó como «Morning Run». Como si levantarte a las seis de la mañana para subir y bajar picos de la Sierra Calderona durante siete horas fuera lo mismo que salir a trotar antes del café con leche.

La Calderona sale de la Plaça de la Font, en Serra, y te mete por Rebalsadores, Cruz del Sierro, Ermitans y todo lo que el Parque Natural tiene a bien ponerte delante. El desnivel oficial son dos mil cuatrocientos cincuenta metros de subida. Armando registró dos mil trescientos diecinueve en su Garmin Fēnix 6X, que viene a ser la diferencia habitual entre lo que promete el organizador y lo que dice tu muñeca, y que a partir de cierta cantidad de metros de desnivel positivo da exactamente igual porque las piernas ya aguantan lo que sea, protestando a su dueño o resignadamente.

Lo gordo, al menos en pantalla, fue la cosecha de récords personales. Armando batió su mejor marca en cinco segmentos de Strava en una sola carrera: Blanquisar hasta el cruce, la subida CV-3342, la bajada del Castillo desde el cortafuegos nuevo, MACA-Avitu y la aproximación a La Mola. Cinco PRs. La pantalla parecía una máquina tragaperras dando premio en cada tirada. Ahora bien, conviene aclarar para los no iniciados en la liturgia de Strava que un «récord personal» significa que es tu mejor marca en ese segmento, y que si nunca has corrido ese segmento, la primera vez que lo haces es automáticamente tu récord personal. Podrías ir andando, pararte a hacer fotos del paisaje, comerte un plátano y llamar a tu madre, y Strava te regalaría igualmente la copita dorada y la fanfarria digital.

Que conste que esto no le quita ni un gramo de mérito a pegarse siete horas por la sierra con dos mil trescientos metros de desnivel —eso no hay algoritmo que lo regale—, pero la lluvia de PRs de la pantalla puede tener más que ver con la generosidad estadística de correr segmentos nuevos que con haber reventado marcas que llevaban años resistiendo. Strava es así: te aplaude siempre la primera vez, como un padre en un festival de fin de curso. ¡Armando, acláranos el misterio!

Bien. Ritmo medio de 9:54 por kilómetro —que en montaña con ese desnivel es un ritmo estupendo—, frecuencia cardíaca promedio de 154 pulsaciones durante más de siete horas (que es más estupendo aún, y si no que le pregunten a cualquier cardiólogo), y a los pies unas Asics Nimbus que probablemente necesiten una semana de reposo en un spa. O directamente la jubilación.

A propósito de Strava y de sus trampas motivacionales, algún día tengo que contaros mi experiencia con la aplicación, que fue breve, intensa y humillante a partes iguales. Durante unos meses gloriosos fui el rey indiscutible de un segmento en un descampado de La Vaguada donde solo corría yo, los perros de la urbanización y algún que otro corredor despistado que pasaba por allí sin fijarse en que aquello era un segmento de Strava y no una cuesta con un poquito de desnivel (asequible), cuatro farolas (la mayoría siempre apagadas) y unos matojos que han sido meados y remeados por los chuchos, que también quieren ser los reyes del descampado, a su modo canino. En fin. Que toqué la gloria. Campeón absoluto. Líder del ranking. Fanfarria digital cada vez que pasaba por allí, y en mi caso sí que eran récords de verdad, porque llevaba meses machacando el mismo tramo intentando bajar de 6:42 (que no es que sea una marca de relumbrón para 1,2 km, pero os recuerdo que corría cuesta arriba, eh).

Hasta que un día apareció un tal RRunnerCT47 (me he inventado el alias, no desvelaré el auténtico por aquello de la intimidad), perfil privado, sin foto, sin nombre, sin nada, y me arrebató el trono con un 6:14 que me dejó mirando la pantalla como quien recibe una carta de Hacienda en agosto.

Lo que vino después fue una rivalidad sorda y a deshoras por ser el rey del descampado que no desmerecía la de Sebastian Coe y Steve Ovett en los Juegos de Moscú, con la diferencia de que Coe y Ovett al menos se veían en la pista, mientras que RRunnerCT47 y yo nunca coincidimos en el descampado, jamás, como si corriéramos en dimensiones paralelas. La cosa terminó mal, al menos para mí, cerrando mi Strava en un acto que los diplomáticos llamarían retirada estratégica y cualquier persona con dos dedos de frente llamaría derrota sin paliativos. Pero esa historia merece su propio capítulo y hoy el protagonista es Armando, que es el que se ha pegado siete horas por la sierra.

¡Enhorabuena, Armando! Y vosotros, ¿alguna vez os habéis picado con alguien en el Strava o habéis sido los dominadores de un segmento?

Misterio resuelto

Armando ha respondido por WhatsApp y resulta que esta era su segunda Calderona, así que los récords personales de Strava no eran de bienvenida: los batió de verdad, contra sus propias marcas del año pasado, lo cual le devuelve al asunto toda la épica que yo, borde profesional, le había quitado dos párrafos más arriba. Mis disculpas, Armando.

Su mensaje merece transcribirse, eso sí, con la ortografía y la puntuación del WhatsApp original porque editarlo sería traicionar el género literario: «Gracias Carlos, esta es la segunda vez que la hago, el año pasado ya la hice, veremos si hay más, muy muy bonita pero lastima que te pasas todo el tiempo mirando donde poner el pie, para matarse! pero solo una caída y aunque hoy me siento entre Rambo (por no sentir las piernas) y Rococop (por como camino) pero muy contento, muy buen día.»

Ese híbrido de Rambo y Robocop —que Armando ha bautizado involuntariamente como «Rococop», un nombre que merece su propia franquicia— es probablemente la descripción más precisa que existe del estado físico de un corredor de montaña después de una carrera. La parte de arriba de su cuerpo se siente invencible, la parte de abajo se niega a cooperar con las escaleras, y el resultado es un señor que camina por su pueblo valenciano como si le hubieran montado las rodillas del revés.

Lo de pasarse toda la carrera mirando dónde poner el pie es algo que los corredores de asfalto no entienden hasta que se meten en su primer trail y descubren que levantar la vista del suelo dos segundos significa torcerte un tobillo contra una piedra que no estaba ahí hace un momento, o eso juras tú. Por cierto, nuestra accidentada Leanne está mucho mejor, aunque dolorida aún de su espeluznante caída bajando por el cemento de la Atalaya a 4.30. En su caso, el huracán le dio un empujón que en cualquier competición hubiera sido merecedor de descalificación y hasta de calabozo). Pero échale un galgo al viento.

Publicado en Eventos | Deja un comentario

¡Va por Gregorio!

¡Vamos que nos vamos!

Gregorio Lorente Rosas se calzó sus primeras zapatillas de correr a los doce años, en una carrera en Cabo de Palos que probablemente no tenía ni nombre ni dorsales ni línea de meta pintada en el suelo, porque estamos hablando de principios de los años treinta del pasado siglo. Luego pasó lo que suele pasar: que la vida es dura y hay que ganársela, y aunque nunca dejó del todo de correr, fue al jubilarse cuando Gregorio decidió que se iba a desquitar. Y a fe que lo hizo por todo lo alto.

Campeón de España de veteranos en varias ocasiones. Premios al Deporte Cartagenero. Premio al Mérito Deportivo de la Región de Murcia. Propuesto para Cartagenero del Año en 2009. A los noventa cumplidos celebraba su cumpleaños con los compañeros de natación en la Piscina Municipal, y a los noventa y tantos seguía siendo fijo en las carreras de cinco kilómetros. Yo lo vi muchas veces por Tentegorra… Y como entonces no corría, pero tenía ganas, era como… Joder, si Gregorio puede, ¿por qué yo no voy a poder?

La Verdad, en su obituario, lo describió como «el corredor más querido por todos los atletas de la Región de Murcia.» Y no exageraba. En el Marathon Cartagena, al que perteneció desde los orígenes del club, la palabra no es admiración, es devoción, que normalmente se reserva para los santos. Se fue un domingo de julio de 2014, a los 93 años, y cuando el Ayuntamiento aprobó por unanimidad ponerle su nombre a la Media Maratón y retirar el dorsal número 1 a propuesta del propio club, nadie en Cartagena tuvo que preguntar quién era Gregorio Lorente Rosas.

Su sobrino Andrés es hoy vicepresidente del Marathon Cartagena. Hay algo en eso —las sagas familiares que comparten asfalto y se pasan el relevo— que no necesita que yo lo adorne con adjetivos.

Prolegómenos

Peralicos y submarinico.

El domingo por la mañana, casi 3.000 corredores —récord absoluto de la prueba— salieron del Palacio de Deportes a las 9:30 en la XXXIII edición. Y entre esa marea humana, treinta y dos peralicos con camiseta azul (en sus diversos modelos) se repartieron entre las dos distancias: dieciocho en la media y catorce en el 10K. Lo cual dice mucho de cómo está volviendo el club por sus fueros.

Carpa diem!

La Media

El más rápido de los nuestros ha sido Juan Manuel Morell Delgado, que ha firmado un 1:27:50 a un ritmo de 4’10» el kilómetro para cruzar la meta en el puesto 126 de la general. Un escándalo. Detrás, Dani Sánchez Pedreño —nuestro eterno keniata infiltrado— ha completado la media en 1:29:38 a 4’15», puesto 162, y Noel Cegarra Lloret le ha pisado los talones con 1:30:20 a 4’17», segundo de su categoría Sub-20. Con esa edad y esos números, el porvenir da vértigo.

José Antonio Téllez Almodóvar ha vuelto a demostrar que los cincuentaytantos son los nuevos treintaytantos: 1:31:27 a 4’20», noveno de su categoría M55 y puesto 203 de la general. Y Antonio Quiles Cantero, en la categoría M65, se ha marcado un subcampeonato con 1:40:22 a 4’47». Segundo de todos los mayores de 65 de la carrera. Que lo piensen los que dicen que a esa edad hay que dedicarse a la petanca (o al curling, disciplina por cierto a la que estoy pensando en pasarme, después de ver los Juegos Olímpicos del Invierno, total, si solo hay que barrer el hielo con una escoba, seguro que se me da mejor que correr).

Antonio Pérez García (1:43:24, 4’56»), Maximino Vázquez Ferrer (1:44:15, 4’58») y Pablo Pérez Esparza (1:46:06, 5’04») han completado un bloque muy sólido por debajo de las cinco y pico/km, con la liebre del 1.45 como referencia. También tuvieron en la visual al del globo amarillo María del Mar García López, que ha cruzado la meta en 1:46:12, cuarta de su categoría M45 femenina. Y José Ramón Camero, que ha cerrado la media en 1:46:48 a 5’05». Décimo de su categoría M60.

Ramón Pérez Galera (1:49:46), Fernando Daniel Quesada Pereira (1:51:32), Ignacio Vélez Garcerán (1:53:21) y la pareja formada por Ángel Conesa Sánchez y Paola Montijano Ogeron —que han cruzado la meta con el mismo tiempo, 1:54:37— han completado un grupo compacto en el que nadie ha bajado del 5’30». Miguel Ángel Torres (1:55:00), Miguel Pérez Gracia (1:57:04) y José Lacarcel Wandosell, que ha cerrado la representación peralica en la media con 2:10:35, completan la nómina de los dieciocho valientes que se han comido los veintiún kilómetros de rigor.

Juan Manuel Morell celebrando ese 1.27 (a 4.10 km) por todo lo alto con la family. Foto para enmarcar.
Dani, último esfuerzo para bajar de la hora y media.
Noel Cegarra entró en 1:30:32. ¡2º en sub20! Lástima que la liebre no regulase con precisión y se quedara a medio minutillo de bajar de la hora y media, que hubiera sido la guinda.
Téllez (1:31:35), tronchándose de algo que nos explicará en el wasap.
Pao y Ángel comentando si la abuela Pepa hará de comer. «Paella no toca este domingo, Pao». «Ya, pero como tú comprenderás no voy a ponerme ahora a hacer quiche. Llama a un Glovo». «¿Y una tabla de quesos?»
Ramón Pérez Galera, dejándose llevar por su playlist para ir sobrado a 5.12
Pablo persiguiendo al del globo. Como llegó minuto y medio más tarde, los del grupetto ya habían gastado todo el helio y se quedó con las ganas de poner voz de pito.
Toni celebrando que las cuentas de los peralicos tienen superávit.
Subiendo el puente del Cartago Nova con alegría. Quedaba 1 km.

El 10K

En la distancia corta, Antonio Gil Risueño ha liderado la escuadra azul con un 42:06 a 4’12» el kilómetro, noveno de la categoría M60 y puesto 116 de la general. Alberto Hernández González le ha seguido de cerca con 42:17, puesto 122. Dos veteranos tirando del carro con tiempos que merecen una reverencia.

José Francisco Saura Hernández (51:09), Juan Carlos Nieto Tabernero, Juanki, (51:32), Pablo Hernández Navarro y Elena García García —ambos con 50:39, otro empate parejil de los que dan para tertulias del corazón— y Fernando Montero Rodríguez (52:13) han completado la zona media del grupo. Luisa María Marín Lara se ha apuntado un cuarto puesto en la categoría M60 femenina con 53:13, y Bárbara García Solano ha cerrado en 53:54.

Mención especial para nuestro peralico montonero, Daniel Sánchez Espejo, que ha firmado un 56:14 en la categoría M70. Reiner Thomas (54:48), Ana Sánchez Pedreño (56:44), José Pedro Cegarra Núñez (56:25) y Antonio Sánchez Montalbán (1:04:20) y Mayte Díaz Galindo (1:05:40) completan la representación peralica en el 10K.

Una mañana estupenda

La calle Ángel Bruna es muy larga, pero piano piano si va lontano.
Fernando terminó el 10k y sin cambiarse de guantes aún tuvo tiempo para correr el cross nocturno de Chinchilla.
Quiles va bien. No, va fenomenal. Marcó 1.40. ¡2º en M65!
Los keniatas a lo suyo.
Pablo y Elena haciendo la goma.
Montalbán se volvió a perder por las calles de Cartagena, así no hay manera de bajar de la hora…
Mar y Camero ni siquiera rompieron a sudar.
Lo que no sabíais es que Quiles fue doble de Sylvester Stallone en la secuencia de las escaleras de Rocky. Así cualquiera…
Después de la carrera se organizaron diversas actividades y una paella multitudinaria. Mar, que no había tenido bastante con la media maratón, participó también en la suelta de la vaquilla, aunque pasó algún momento de zozobra.

Los que nunca fallan

Y un reconocimiento que merece párrafo propio para los que no corrían pero estaban ahí. Los que montaron la carpa, los que aplaudieron en las cuestas, los que hicieron fotos, los que gritaron ánimo a los que iban de azul y a los que no. Los que después se quedaron a la paella y a vender camisetas y a hacer lo que siempre hacemos cuando nos juntamos, que es convertir una mañana de domingo en algo que se parece bastante a una familia con zapatillas de correr. Porque un club no son solo los que cruzan la meta: son también los que están esperándote cuando llegas.

Estampas familiares 1…
…2…
…y 3.
Un alemán y un español zanjan la eterna discusión sobre la final de la Copa de Europa del 74 (Atleti-Bayern). «No me fastidies Reiner, que la teníamos ganada si no hubiera sido porque Reina encajó ese churro en el último minuto». «Juanki, hasta el rabo todo es torro». «Pues mira, en eso estamos de acuerdo».
«No os hinchéis que ahora viene el arroz».
Mercadillo peralico. ¡Estamos que lo tiramos!
Quiles en el podio, flanqueado por Isaac Peral y… ummm… ¿las K-Pop modernistas?

La cantera pisa fuerte

Y porque esto no va solo de veteranos ni de medias maratones: en las pruebas de categorías menores, que se disputaron más tarde, los hermanos Sánchez Manrubia dejaron constancia de que la cantera peralica viene con ganas. Javier, en categoría Sub-10, ganó su carrera con un tiempo de 1:31. ¡Primero! Pablo, en Sub-14, completó el recorrido en 3:16 para terminar duodécimo. Gregorio Lorente empezó a correr a los doce años en una carrera en Cabo de Palos. Estos dos ya le siguen la estela.

El más grande. ¡Va por ti!

Publicado en Eventos | Deja un comentario

XXXIII Media Maratón y 10K Ciudad de Cartagena Memorial «Gregorio Lorente Rosas»

Comienza marzo con la XXXIII Media Maratón y 10K Ciudad de Cartagena Memorial ‘Gregorio Lorente Rosas’ con una participación cercana de a los 3.000 corredores. La prueba se realizará este domingo 1 de marzo desde las 9:30 horas con salida y meta en el Palacio de Deportes. Se han organizado diferentes actividades para toda la familia y desde el club nos sumamos a ellos instalando nuestra carpa.

Para el instalar la carpa del club se necesitan voluntarios:
– Para la compra y el traslados de bebidas ya hay voluntarios identificados de hacer inventario de bebidas y picoteo, y de realizar las compras para reponer y comprar el hielo
Nos faltan 4-6 voluntarios que estén a las 08:00h del domingo 1 de marzo en el Palacio de Deportes para de forma cuidadosa realizar el montaje de la carpa sin dañarla.

Por favor confirmad a los vocales de logísticas vuestro compromiso de estar el domingo a las 08:00 en las afueras del Palacio de Deportes en los alrededores de donde solemos instalar la carpa del club.

Foto del punto de encuentro para el montaje de la carpa

Aprovechamos esta publicación en nuestra web para informar que después de la carrera estaremos ofreciendo a la venta una nueva camiseta del club que se puede usar en entrenamiento y paseo con un precio de venta de 12 €. Es la misma camiseta que entregaremos de regalos a las nuevas altas del club. Como se puede observar el diseño es el mismo que hizo Dani de las camisetas que regalamos para celebrar los 25 años del club.

Foto de las nuevas camiseta para su venta

También se pondrá a la venta el material sobrante que quedó de la venta después de la carrera de San Silvestre, ver en la web del club la información sobre los modelos de esas equipaciones.

Publicado en Eventos | Deja un comentario

La milla es rara

Ana, con sus gafas de tirar millas.

La milla es una distancia rara. ¿Cuánto mide una milla? He tenido que preguntarle a Google. Vale, 1.609 metros. Uno se queda mirando el número y piensa: pero qué clase de distancia es esa. Luego le das una vuelta y dices, a ver, es que estos ingleses no miden en metros, miden en yardas, y supongo que en yardas será algo más redondo. Pues no: 1.760 yardas. What the hell!

Así qué más Google (paciencia a nuestros cinco peralicos que corrieron la XIII Milla Solidaria de la Huertecica, que están aquí para leer sus hazañas, pero un misterio es un misterio). Además, que si me contaráis cosas de vuestras carreras no me enrollaría tanto… Para facilitar la lectura, lo que está entre corchetes os lo podéis saltar e ir directamente a lo que importa.

[La cosa es que la milla no es un invento inglés sino romano. Mille passus: mil pasos. Así medían las distancias las legiones cuando se dedicaban a conquistar el mundo y a pavimentarlo de calzadas. Lo que pasa es que un paso romano no era lo que tú y yo entendemos por un paso. Nosotros contamos cada vez que apoyamos un pie: izquierdo, uno; derecho, dos. Los romanos contaban de dos en dos: izquierdo-derecho, uno. Así que mil pasos romanos eran unos 1.480 metros y la milla romana se quedaba en 5.000 pies (de los ingleses, que habría que ver qué talla gasta el pie inglés del señor al que le midieron el pie para calcularlo)… ¿Complicado?

Pues resulta que los ingleses tenían su propia unidad de medida para el campo, el furlong —que viene de furrow long, «largo del surco»—, que era la distancia que una yunta de bueyes podía arar de tirón sin descansar: 660 pies. Y cuando en 1593 el Parlamento de Isabel I se sentó a poner orden en aquel desbarajuste, decidieron que una milla tenía que caber exactamente en ocho furlongs. Ocho por 660, 5.280 pies. ¡Con lo sencillo que es el sistema métrico decimal!

Misterio resuelto. La milla es rara de cojones, sí, pero al menos ahora sabemos a quién echarle la culpa: a los bueyes.

Por si fuera poco, en Cartagena la milla tiene un problema adicional de identidad. Porque aquí, cuando dices milla, la mitad de la gente piensa en la náutica, que son 1.852 metros, casi un cuarto de kilómetro más larga. Y es normal: esta es ciudad de gente que hizo la mili embarcada o en el Arsenal, de tipos como nuestro compañero Camero que seguramente ha recorrido tantas millas náuticas o más que kilómetros de asfalto, y eso que lleva unos cuantos… En fin, que aquí, el que no tiene barquico, tiene el título de patrón por si alguna vez lo tiene.

Lo curioso es que España, que nunca ha corrido millas porque para eso tenemos el milqui —el 1.500, para los no iniciados—, ha sido históricamente una potencia en esa distancia casi gemela. Fermín Cacho ganó el oro olímpico en Barcelona 92 en un 1.500 que medio país vio sin respirar. José Luis González, José Manuel Abascal… Pero la milla, esos 109 metros de más que separan al milqui de la distancia imperial, esos son territorio inglés. No solo por los metros sino por la épica.

Porque si hay una distancia legendaria en el atletismo, es la milla. Y si hay un momento legendario en la historia de la milla, es el 6 de mayo de 1954 en la pista de ceniza de Iffley Road, Oxford. Roger Bannister, estudiante de medicina de 25 años, corriendo contra un viento cruzado que no invitaba a hacer historia, con dos colegas marcándole el ritmo como quien acompaña a un amigo al borde de un precipicio. Cuando el speaker empezó a dar el tiempo —»Three minutes…»— el resto se perdió en un rugido. 3:59.4. Había hecho lo que los fisiólogos decían que era imposible, lo que podía matarte. Bajar de cuatro minutos en la milla.

Hay récords que se baten y se olvidan. ¿Quién recuerda la primera vez que alguien bajó de diez segundos en los cien metros? Spoiler: fue Jim Hines, en México 68. Pero el de Bannister permanece en la memoria colectiva como una de esas fronteras del cuerpo humano que, una vez derribada, le cambió a todo el mundo la idea de lo posible. El récord actual anda por los 3:43 de Hicham El Guerrouj, una barbaridad, pero la gente se sigue acordando de Bannister…

Me imagino a Leanne, nuestra compañera británica, corriendo de pequeña alguna carrera escolar en la campiña inglesa, medida en millas, con la leyenda de Bannister como parte de sus recuerdos de infancia, que seguro que se la contaban en el cole. Para ella, 1.609 metros no es un número raro: es la distancia natural de correr. Para nosotros, la distancia natural es el kilómetro con sus múltiplos y submúltiplos. ¡Cuida esa rodilla, Leanne, que te echamos de menos!

El caso es que la milla arrastra esa aureola mítica. Los cuatro minutos de la milla son como las dos horas del maratón: un número redondo, limpio, que se clava en la imaginación. Kipchoge lo bajó en Viena en 2019 —1:59:40—, pero no se homologó porque aquello fue un montaje de laboratorio con liebres rotatorias, coche pantalla y hasta formación en V (como las bandadas de aves migratorias) para cortar el viento. Un experimento más que una carrera. Kiptum, que batió el récord oficial con 2:00:35 en Chicago y que decían que sí podría haberlo hecho de verdad, en competición, murió en un accidente de tráfico en Kenia en febrero de 2024. Tenía 24 años].

Y ya. Vamos a ello. Vamos con La Huertecica, que lleva desde 1983 trabajando con personas en situación de exclusión social en Cartagena, y que desde 2013 organiza esta milla solidaria para recordarnos que correr también puede servir para algo más que mirarse el Garmin.

Los peralicos

Ana, dándolo todo, que la gracia de la milla es la épica. Y la pierde si dosificas…

Ana Sánchez Pedreño fue nuestra representante femenina en esta edición. Ana completó la milla en 8:43, a un ritmo de 5’25» por kilómetro, octava en la categoría senior femenina. En una carrera donde todo el mundo sale a darlo todo desde el metro cero porque no hay tiempo para dosificar, cada segundo cuenta y cada segundo duele. ¡Enhorabuena Ana!

Supersónico Téllez, al que admiro mucho y al que también odio un poquito. Y es que la envidia es muy mala.

José Antonio Téllez Almodóvar está de dulce. Tercero en la M55 con un tiempo de 5:40. Cinco minutos y cuarenta segundos. Que alguien haga las cuentas: eso sale a 3’31 por kilómetro. Yo no podría ni corriendo cuesta abajo con viento a favor y habiendo firmado un pacto con el diablo. Téllez lo hace un domingo de febrero como quien va a comprar el pan.

Ignacio Vélez Garcerán hizo su milla en 6:14 a 3’52» el kilómetro, puesto 27 en la categoría senior masculina. No sale en las fotos, pero estuvo ahí, y el chip no entiende de postureo.

Montalbán en el momento de percatarse de que iba en dirección contraria. Marcó 8:46, pero quién sabe qué marca hubiera hecho si no tiene que volver…

Antonio Sánchez Montalbán, quinto en la M60, completó la milla en 8:46 a 5’27» por kilómetro. En la categoría de los sesenta, donde cada carrera es un acto de fe en las articulaciones y de rebeldía contra el calendario, terminar entre los cinco primeros no es un resultado: es una declaración de intenciones.

«Pao, que ya estoy llegando, que ya puedes echar el arroz».

Y luego está Ángel Conesa Sánchez, que cerró su milla en 6:26. Puesto 16 en la M45. Y aquí viene lo bonito del asunto, porque el ritmo de Ángel fue de 3’59» por kilómetro. ¡Bajó de cuatro minutos!

No es la milla. Es el kilómetro. Lo sé. Pero dejadme un momento.

Pista de ceniza batida por el viento. Un corredor solo contra el reloj y contra la certeza de todos los fisiólogos del mundo que dicen que no se puede, que el cuerpo humano no está diseñado para esto… Los pulmones queman. Las piernas ya no responden a órdenes racionales. El speaker coge el micrófono, hace una pausa eterna y dice: «Three minutes…»

Perdón. Me he dejado llevar. Que esto es la Avenida del Cantón, las palmeras, el Palacio de Deportes de Cartagena, la mañana de un domingo. Que por aquí, de noche, a veces corretean los jabalíes. Que esta es mi zona habitual de entrenamiento, la Línea Verde que discurre paralela (y que mide algo así como 830 metros, otro número incomprensible, la podían haber dejado en 800, como la del faro verde) y que llega casi hasta el Grifo, lugar mítico para los peralicos. Donde te cruzas con los chavales africanos que hacen dominadas y abdominales en los aparatos de calistenia, con las autocaravanas de jubilados centroeuropeos que hibernan al sol, con montones de niños que aprenden a patinar o a montar en bici, con zagalones en patinete que ni se darían cuenta si te atropellan porque encima van mirando el móvil… Un ecosistema que no se parece en nada a Oxford, pero que tiene su propia épica de andar por casa.

Ángel bajó de cuatro minutos. El kilómetro, no la milla. Pero yo, que nunca he visto un tres delante de los dos puntos en la pantalla de mi Coros, le miro con la misma admiración con la que imagino que miraban a Bannister los que estuvieron allí.

Enhorabuena a los cinco. Y gracias a La Huertecica por darnos un motivo para correr que no cabe en un reloj.

Misión cumplida. El 60 por ciento de los peralicos participantes en la Milla Solidaria, luciendo, cual modelos de Armani, nuestra colección de camisetas. Va siendo hora de renovar, y unificar, el fondo de armario (la directiva está en ello).

Publicado en Eventos | Deja un comentario

El ojo del huracán

Por la izda, Fernando Daniel Quesada, Miguel Pérez Gracia, Leanne Miller y Alfonso Martínez. Eolo no sale en la foto porque estaba calentando.

La borrasca se llamaba Oriana, que suena a princesa de cuento, pero podía haberse llamado Gengis perfectamente. Novena del año. ¡Hombre, por favor! El caso es que a Oriana le dio por visitarnos el sábado 14, justo el día que a nueve peralicos les había dado por subirse al monte Atalaya con dorsal puesto para la VI King of the Mountain, segunda prueba de la I Carthago Mountain League. Catorce kilómetros, setecientos metros de desnivel positivo y rachas de viento de más de 100 kilómetros por hora, con aviso naranja en media Región de Murcia. Un día, en definitiva, para quedarse en casita con una manta, un café y la conciencia tranquila. Pero no. Ahí estaban los nuestros.

El anemómetro de mi estación meteorológica, en La Vaguada, marcó récord: 115,2 km/h.

Miguel Pérez Saura hizo una carrera de auténtico escándalo: undécimo en la general con un tiempo de 1:16:15 y un ritmo de 5’26» por kilómetro. En un 14K de montaña. Con setecientos metros de desnivel. Con un vendaval que te arrancaba las ideas de la cabeza antes de poder pensarlas. Natalia García Correa lideró la expedición femenina con otro tiempazo: 1:41:03, cuarta de su categoría.

José Miguel Navarro-Azorín cruzó meta en 1:38:08, Fernando Daniel Quesada Pereira en 1:44:32, Ignacio Vélez Garcerán en 1:51:10, nuestro alemán favorito, Reiner Thomas, en 2:08:20, Alfonso Martínez Martínez en 2:20:16 y Miguel Perez Gracia en 2:30:09. Todos llegaron enteros. Y todos con una historia que contar sobre lo que es correr cuando el viento empuja, frena, zarandea y te trata, en fin, como si le debieras dinero.

Mención especial para nuestra valiente Leanne Rebecca Miller Hayhurst, que cerró la representación peralica con un susto que nos dejó el corazón en un puño. Casi se nos estropicia Leanne, pero aquí la tenemos, entera y con medalla de superviviente.

Con seis grapas en la rodilla y una lata de… ¿suero salino?

Y hablando de valentía, gracias enormes a Mari Carmen, que desafió a Oriana armada no con zapatillas de trail sino con una cámara, para que todo esto quede documentado.

700 metros de desnivel, pero ni el Everest cuando el viento soplaba de cara.

Buscando a Téllez

Una semana antes de que Oriana convirtiera la King of the Mountain en una prueba de supervivencia, José Antonio Téllez Almodóvar se acercó a Roche para estrenar la I Carrera y Marcha Condado de Roche, un cross de cinco kilómetros con vocación solidaria organizado a beneficio del AMPA Ginés Cabezos Gomariz y dentro de La Unión Running League. Cinco kilómetros de campo, con un perfil que engañaba: subidas cortas pero empinadas, terreno irregular y el recuerdo todavía fresco de la borrasca Marta, que la víspera había dejado avisos naranjas por toda la Región. El domingo amaneció más tranquilo, pero tranquilo en febrero de 2026 es un concepto bastante relativo.

Téllez firmó un meritorio puesto 15 en la general con 22:50, a ritmo de 4’34» por kilómetro en un terreno que no era precisamente una pista de atletismo.

Concurso de agudeza visual. Imagina que Wally lleva camiseta de peralico, cronometra cuánto tardas en encontrarlo.

Publicado en Eventos | Deja un comentario