Hace cuarenta mil años, en algún lugar del planeta que entonces no se llamaba de ninguna manera, un sapiens apoyó la palma contra la pared de una cueva, sopló pigmento alrededor con una caña hueca y dejó la silueta de su mano grabada en la roca. Lo hizo en Altamira, en Chauvet, en la Patagonia… No estaba reclamando ningún territorio, ni marcando una frontera, ni dejando un mensaje para los arqueólogos del siglo XX. Estaba diciendo algo más sencillo y más humano: yo estuve aquí. En este pedrusco redondo que flota en mitad de un universo oscuro. Estuve aquí, brevemente. Antes de desaparecer en la nada.
A los corredores nos pasa algo parecido. El sapiens dejó la mano porque era lo que más usaba; cazaba con ella, recolectaba con ella, pintaba con ella. Nosotros, claro, dejamos el pie. La suela. La pisada. El problema técnico es que soplar pigmento alrededor de un pie impactando sobre el asfalto es complicadillo. Así que hemos resuelto la papeleta de otras maneras, vía digital: dejamos nuestro recorrido en el Strava. O nos hacemos un selfi. O, sencillamente, tiramos de memoria. Rebobinamos y ahí está cada zancada, cada pájara, cada sprint, cada puñetera pisada cosida a un lugar muy concreto del mundo.
La mano del sapiens era un punto, un instante. La nuestra es una línea, una sucesión de pisadas que se va dibujando a lo largo de varios kilómetros. El sapiens decía «yo estuve aquí». Nosotros decimos «pasé por aquí, y por aquí, y por aquí, y luego volví por allí».
Lo que sí compartimos con aquel señor de la cueva es la modestia del gesto. No nos quedamos más de lo estrictamente necesario (cuanto menos tiempo, mejor), no cobramos peaje al siguiente, no plantamos bandera… Aparecemos, pisamos, nos vamos. Somos exploradores puros, no pretendemos conquistar. No estamos trazando una cartografía para convertirla en escrituras de propiedad. No somos la antesala de un ejército. Procuramos molestar lo menos posible. Sabemos que somos fugaces. Y, ya puestos, nos esforzamos por ser dignos en la fugacidad. En los tiempos que corren (porque los tiempos también corren), me parece una manera muy decente de estar. Y de ser.
Lo único es que el mundo se nos queda pequeño. Si no, que le pregunten a Camero, que se nos fue a Serbia; a nuestro equipo de informática, José Miguel y Pablo, que corrieron por Granada; a Dani, Miguel Ángel y Noel, solidarios en Murcia; a Téllez, estirando piernas por La Unión, o a Xavi, que se estrenó con la camiseta del club por nuestro bonito exoplaneta.
Maratón de Belgrado



Media Maratón Ciudad de Granada





VII Carrera solidaria (Murcia) / 10K





II Cross solidario Vedruna


Primera salida con la camiseta del club por Cartagena. Distancia: unknown



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