Arx Asdrubalis 2026
Fratres!!!
Lo grita Máximo en mitad del bosque germano, con la niebla colgando entre los pinos, la primera línea de los suyos apretando los escudos y su fiel perro a los pies de su no menos fiel caballo. Dentro de tres semanas estaré recogiendo mi cosecha. Imaginad dónde estaréis, y así será.
Yo no sé qué tiene esa escena de Gladiator, pero cada vez que la veo se me eriza la piel. Si os encontráis solos, cabalgando por verdes campos con el sol en la cara, no os preocupéis. Estaréis en el Elíseo, y ya estaréis muertos. ¡Hermanos, lo que hacemos en vida resuena en la eternidad! Y entonces te bajas del sofá, te atas las zapatillas y resulta que la eternidad eres tú a punto de salir a correr la Arx Asdrubalis con el ritmo cardíaco a ciento veinte sin haber dado todavía un paso.
Y cuando pasas por el Palacio de Asdrúbal (se supone que estuvo ahí) a la luz de las antorchas, subiendo el Cerro del Molinete y buscando el templo de Asclepio, te entra un escalofrío que te transporta directamente al año 218 antes de Cristo. A mí me pasó, hace dos años, cuando la corrí, bueno, la corrí y, sobre todo, subí y bajé cientos de escalones, la madre que los parió. ¡Nadie me avisó de las escalinatas!
Que conste que no tomo partido, ni por los Cartagineses ni por los Romanos. Me parece un desperdicio elegir bando porque ambas civilizaciones me aportan. Soy descendiente de Aníbal y de Escipión, ahí es nada. Lo más bonito del asunto es que esos dos tipos que se pasaron veinte años matándose se admiraban sin rencor, como se admiran los rivales serios, los que saben lo que le ha costado al otro llegar hasta donde ha llegado. Y se vieron en persona dos veces, está documentado en Polibio y en Tito Livio. La primera, la noche antes de Zama, entre los dos ejércitos, con un intérprete entre ellos: Aníbal le ofreció a Escipión un tratado de paz y Escipión se lo rechazó porque, bueno, sabía que Anibal estaba perdido. Y Aníbal también lo sabía… La segunda, años más tarde, en Éfeso, en la corte de Antíoco de Siria, los dos viejos ya, derrotado uno y consumido el otro por las envidias del Senado y del Consejo de Sufetas, respectivamente, traicionados por los familias que se habían mantenido al margen mientras ellos les sacaban las castañas del fuego.
Los imagino charlando como dos jubilados en una terraza. Inevitablemente contando batallitas, o más bien batallazas. Escipión le preguntó a Aníbal a quién consideraba el mejor general de la historia. Aníbal contestó que Alejandro. ¿Y el segundo?, se mosqueó Escipión. Pirro de Epiro, contestó Aníbal. ¿Y el tercero? Yo mismo, soltó el cartaginés con todo el morro del mundo. Escipión, según cuenta Livio, vio que iba de coña y se rió y le preguntó qué habría dicho si le hubiera vencido en Zama. Y Aníbal, sin mover un músculo de la cara, le contestó que entonces se habría puesto el primero, por encima incluso de Alejandro. En fin, tenían los egos subiditos, pero podían permitírselo.
En cuaquier caso, fratres, hermanos, compis. En especial, los veinte extraordinarii que corrísteis la Arx Asdrubalis 2026. Y una mención para nuestros cronistas gráficos por sus fotazas: Madeleine y Miguel.
¡Fuerza y honor!



















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