Chalecos amarillos

¿Qué queréis que os diga? Yo me siento orgulloso de estar con esta gente.

El domingo de la Hospitalidad amaneció raro. El cronista había pasado la noche con un calambre que lo despertó a las tantas, el cielo estaba bajo y gris y prometía agua, y el bochorno se pegaba a la piel antes de salir de casa. Me quedé en la cama con la convicción, muy sensata, de que aquella no era mañana de carrera. Fue mi mujer la que me sacó de allí a puntapiés. Ella estaba apuntada a la marcha con unas amigas a las que había liado para aprovechar el domingo, y una mujer que ha liado a sus amigas para andar tres kilómetros por San Antón no va a tolerar que su marido se quede en casa alegando una dolorosísima y sospechosísima rampa.

La II Carrera y XII Marcha Solidaria Hospitalidad Santa Teresa es una jornada de Barrio, con mayúscula, sanantoneramente festiva. Allí la Fundación acoge a personas sin hogar y en situación de vulnerabilidad. Hubo pruebas infantiles a las diez, el 5K y la marcha después. Detrás de la organización están Eduardo Armada y el ex concejal Alonso Gómez López, presidente de la Fundación, a los que hay que agradecer que la carrera exista, y nuestro ex presidente Daniel Sánchez Pedreño, que midió el circuito, lo dejó a punto y encima se plantó en la meta para recibirnos uno a uno.

Historia de la Cartagena deportista y deportiva.

La salida se retrasó. Llovía lo justo para que la Policía Local decidiera esperar a que se pudiera correr sin que nadie se abriera la cabeza en una esquina mojada, y los corredores anduvimos un rato en la replaceta, calentando lo que se puede calentar con bochorno y mirando al cielo. Cuando por fin dieron la salida, salimos 190 al 5K, una docena con la camiseta del club.

Más hospitalarios que nunca.

El primero de los nuestros fue Ricardo García Garijo, 22º de la general con 19:35 y 3’55 el kilómetro, cuarto de su categoría en una M50 que venía cargada. Detrás llegaron casi de la mano Pablo Pérez Esparza, 21:48, y Antonio Pérez García, 21:51, tres segundos entre los dos y séptimo y noveno de los M45. Ángel Conesa Sánchez y Paola Montijano Ogeron hicieron lo suyo, que es correr juntos y rápido: 22:50 y 22:51, puesto 76 y 77, y Pao campeona de la categoría M45F. José Vera Nieto fue tercero de los M55 con 23:44 y subió al cajón, Miguel Pérez Gracia cuarto de la misma categoría con 25:36, Juan Carlos Nieto Tabernero, Juanki, cuarto de los M60 con 26:51 (pero el día anterior se hizo once kilómetros para no venirse arriba en la carrera), José Pedro Barrancos Pérez quinto de los M65 con 28:01, Ana Sánchez Pedreño cuarta de las sénior con 29:20, corriendo de incógnito porque en la inscripción no puso el club, y Antonio Sánchez Montalbán quinto de los M60 con 31:01. Cerró la expedición Carlos Manuel Sánchez, puesto 175 de 190, con 38:12 y a 7’39 el kilómetro, de quien el cronista tiene información de primera mano porque es el cronista.

El tío del mazo, el del lactato, con el que me llevo regular, me estaba esperando antes del kilómetro uno, en el puente del Cartagonova (lo cual es todo un récord). A partir de ahí la carrera fue una marcha salpicada de trotecillos, ni siquiera CaCos propiamente dichos, de los que hablaré en un post venidero que promete ser polémico 😉 Y es que yo practico mucho el CaCo, pero todavía lo hago como con vergüenza y he desarrollado mis rituales: mirar el reloj como si estuviera haciendo series, atarme una zapatilla, cojear un poquito… Porque si eres corredor y vas andando a trechos, a no ser que te hayas fracturado la tibia o similar, es como si traicionaras una ley no escrita que ordena que el corredor corra desde que le da al botoncico del cronómetro hasta que llega a su destino. Y hay días que el cuerpecillo no me da.

Volviendo a la carrera, quedaba el laberinto. San Antón es un dédalo de calles que doblan, se cruzan y se vuelven a cruzar (con un par de subidicas cortas, pero empinadas), y para que ningún corredor se despistase la organización había desplegado peralicos con chaleco amarillo prácticamente en cada esquina del último kilómetro. En Francia están estos días sacando otra vez los chalecos amarillos para protestar; en San Antón el chaleco quería decir que había alguien ahí para ayudarte y señalarte por dónde se seguía. Yo, que a esas alturas lo que buscaba era una bocacalle por la que escaparme sin que nadie se diera cuenta, me encontraba en cada lugar propicio para perderme con un compañero o compañera animándome para que siguiera. No había manera de desertar.

Por el camino me adelantó uno de los chavales de la Hospitalidad. Corrían muchos subsaharianos supongo que acogidos en la casa y llegados en patera hace cuatro días, y algunos hicieron tiempos muy serios. De hecho, el segundo clasificado, tras Marcos Manuel Plaza, de Novelda, fue Adama Coulidaly, que corrió a 3:27. Este llevaba mala cara, y cuando se puso a mi altura y le pregunté si iba bien me dijo una sola palabra, asmatic. Le pregunté con señas si tenía Ventolín. Lo tenía en la casa. Me puse en modo responsable, a buscar con la vista a algún policía y a no perderlo de vista, y cuando me quise dar cuenta me sacaba cincuenta metros.

La sorpresa de la mañana la dio la mujer de Ramón, que se había inscrito en la marcha, se animó en el último momento, se puso a correr y acabó en cuarenta y uno, una marca que vale sobre todo por el valor que le echó. La marcha fue de tranqui, como debe ser: mi mujer y sus amigas, familias, vecinos, los críos que ya habían corrido lo suyo a las diez.

En la meta estaba Daniel, como he dicho, y estaba el resto del club, carpa incluida, con el buen humor de siempre, y pese a todo lo que llevo dicho sobre el mazo y las ganas de desertar, llegar allí y encontrármelos en cada vericueto del camino fue emocionante. Creo, sinceramente, que ha sido el mejor último kilómetro que he corrido (es un decir) jamás. Era una carrera para hermanarse. Y me sentí fraternalmente acompañado por la bendita humanidad. ¡Gracias compis!

Peralicos escoltando al 103 para que nadie lo pise.
Pablo y Toni, en su pique habitual…
Esta vez se lo llevó Pablo.
Ángel, esprintando para no perderse a su mujer y a sus hija en el podio.
«¡Ángel, Ángeeeel… Estamos aquí!» «¡No corras papá, bueno, sí!»
Ana, dándolo todo.
Montalbán, fajándose.
El Community: «Así era el mazo del tío del mazo…»
Isabel Valencia, una valiente.
Santa Manolita (por aguantar al Community y sacarlo del catre) que reclutó a Merima, Enida, Safia y Mirsad Krivdic para la marcha.

Esta entrada fue publicada en Eventos. Guarda el enlace permanente.

Deja una respuesta