
A las seis de la mañana del sábado 3 de octubre, todavía de noche, unos 250 participantes salieron del centro de visitantes Ricardo Codorníu, en Sierra Espuña, con las linternas encendidas, y el monte se llenó de una procesión de sombras con lucecitas que subían en fila por las laderas.

Y templé mi corazón con pico y barrena
Soy minerooo
Y con caña, vino y ron me quito las penas.

En esa misma sierra, por la parte de El Berro, se cae a pedazos el viejo sanatorio de tuberculosos, con su clientela habitual de cazadores de psicofonías, así que cualquiera de esos que se pasan las noches grabando a los espíritus habría jurado que aquello era la santa compaña haciendo la ronda. No eran ánimas, eran senderistas muy animados, pues hay que estarlo para darse semejante madrugón y meterse semejante palizón en el cuerpo.

Entre los valientes iban Fernando Quesada y Leanne, que completaron la XVI Vuelta a Sierra Espuña (56,37 kilómetros y 2.383 metros de desnivel positivo) en 12 horas y 19 minutos. Doce horitas. La trilogía de El Señor de los Anillos en versión extendida, de un tirón, ronda las once horas y media, con lo que aún sobraría tiempo para encargar un Glovo y varias pausas pipiseras.

Por cierto, el centro de visitantes lleva el nombre de un cartagenero, Ricardo Codorníu, el ingeniero de montes que repobló Espuña cuando a finales del XIX aquello era un pedregal, de modo que cada pino que vieron durante el día, y vieron unos cuantos, se lo deben a un paisano.

Leanne se trajo una foto de los pozos de la nieve, dos cúpulas de piedra plantadas en un prado amarillo con la niebla todavía enganchada a los montes. Entre esos pozos también están los que el expediente de protección llama «Pozos de Cartagena o de los Zurdos». Durante siglos se apisonaba en ellos la nieve del invierno y, llegado el calor, el hielo se bajaba hacia las ciudades al atardecer y de noche, para que el sol no se lo comiera, y aun así por el camino podía perderse hasta la mitad del peso. Lo cargaban envuelto en paja, a lomos de mulas que llevaban unos 170 kilos, y así hasta que en 1926 abrió una fábrica de hielo en Totana.
La prueba la monta el Club Senderista Totana de manera altruista, y nació como un plan entre amigos que se fue consolidando hasta convertirse en una forma estupenda de conocer el parque. Es una marcha no competitiva. Leanne cuenta que fue una jornada especialmente técnica y dura, con los caminos recién llovidos y resbaladizos. Y que a partir del km 25 o así se le hizo bastante cuesta arriba, incluso cuando iba cuesta abajo.

Juanma Morell en la Media Maratón de Archena
Juanma Morell, por su parte, se fue ese sábado a Archena a la IV Media Maratón Archena Tu Paraíso, que este año albergaba el Campeonato de la Región de Murcia de Media Maratón y se corría sobre un circuito homologado por la RFEA, con la campeona olímpica de salto de altura Ruth Beitia como madrina. Hizo 1 hora y 27 minutos, a 4:08 el kilómetro, para quedar el 35 de la general y cuarto de M40, y para que os hagáis una idea, la campeona regional, Marta Belmonte, paró el reloj en 1:25:00, así que nuestro hombre anduvo rondando el podio femenino del regional. Su reseña cabe en una línea: «Bonita carrera, muy buen ambiente, muy buena bolsa del corredor» y os la recomienda, que viniendo de un tío que sabe de lo que habla, aunque no hable mucho, equivale a cinco estrellas en TripAdvisor.

Don Pepito y don José en la Maratón Mula-Caravaca


José Camero escribió al grupo que se había ido solo ante el peligro a la 42K Camino de la Cruz, la maratón que sale de Mula y termina en Caravaca dentro de la novena edición de la 90K. Lo de solo es relativo, porque por el mismo camino iba otro José del club, José Sedes, aunque cada uno a su ritmo. El recorrido va por la vía verde del antiguo ferrocarril, con tramos casi desérticos y otros arbolados, puentes y túneles, hasta que aparece el castillo de Caravaca y se entra en la Plaza del Arco para cruzar la meta, y Camero lo resume como «duro pero muy bonito, con la organización impecable de siempre». Paró el reloj en 4 horas y 31 minutos y se subió al cajón como tercero de su categoría (que casi se le olvida hasta mencionarlo). Sedes se lo tomó con otra filosofía y la hizo de tranqui, de paseo con amigos, en 7 horas y 23 minutos, que es casi tres horas más de vía verde, de túneles y de conversación. Lo cual me parece un planazo. A los dos, por cierto, la organización les ofrecía por 2 euros el Certificado de Peregrino, el Caravaquensis, que acredita haber hecho el Camino de la Cruz, y entre el que lo hizo deprisa y el que lo hizo despasico se lo han ganado de sobra.




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