París era una fiesta

Oh la la, monsieur Daniel!

El mismo domingo en que Mar se las veía con el frío de Berlín, Daniel participaba en la París-Versalles. De los días de allí nos ha dejado una foto en un barco por el Sena, con la Torre Eiffel a la espalda y un dorsal amarillo entre las manos que dice «Bonne course!», que es lo que te desean los franceses cuando saben lo que te espera. Se vino, después de hacer un carrerón, con un virus gabacho que lo ha tenido con fiebrones unos días.

Hemingway tituló sus memorias parisinas A Moveable Feast, una fiesta que se mueve, porque decía que París, si la has vivido de joven, se te queda dentro y va contigo adonde vayas. La París-Versalles se toma el título al pie de la letra y mueve la fiesta dieciséis kilómetros y doscientos metros: sale del muelle Jacques Chirac, al pie de la torre, sigue el río hasta Issy-les-Moulineaux, se mete en el bosque de Meudon y termina en la avenida de París, delante del palacio del Rey Sol (y no, a ese no lo guillotinaron, se libró por los pelos de la peluca) con más de veinte orquestas tocando por el camino. Este año iba por la edición 47 y había veinticinco mil dorsales.

Un paseíco…

Por medio está la Côte des Gardes, dos kilómetros de cuesta que los franceses nombran con el mismo respeto con que aquí hablamos de la Arista (por lo menos yo, que la respeto mucho y no me respeta nada), y que tiene hasta su propia alfombra de cronometraje en lo alto, para que quede constancia de quién la subió y en cuánto. Daniel la subió, la bajó y se plantó en Versalles en 1:44:59, a 6:28 el kilómetro y con 135 pulsaciones de media. Mon Dieu, c’est pas possible! A ese ritmo, cuesta incluida, cualquier mortal va con el corazón dando portazos, y él con el pulso de quien lee el periódico en el sofá. O este peralico tiene sangre de horchata o es pariente lejano de Induráin, aquel que dicen que andaba por la vida a 28 pulsaciones en reposo.

135 pulsaciones a 6.28/km? Un caso para el inspector Clouseau.

Iba bien acompañado (en la memoria), y así lo dejó escrito: la carrera se la dedica a Isabel Alcaraz, Andrés Lorente, Ramón Sobrino y Juan Luis Egea, con quienes completó su primera Grande Classique, que suena a vino con D.O. Burdeos, que alguno caería para celebrar.

La foto de meta también tiene su misterio: medalla al cuello, un enigmático cuatro dibujado con los dedos de una mano y en los pies, unas sandalias negras. Ummm… ¿Daniel se ha pasado a la moda de los pieds nus, que es como llaman allí a correr descalzo y que en francés suena a verso de Verlaine? Seguiremos informando.

Van cuatro… O va por los cuatro. Je ne sais pas!

Parejica en Valencia

Elena y Pablo, con las pilas cargadas.

Elena García y Pablo Hernández corrieron la 15K Nocturna de Valencia en su versión corta, la de diez kilómetros, y nos mandaron la foto de rigor: los dos con la camiseta del club (creo que la nueva), ella haciendo la uve de la victoria y detrás un cartel de la compañía eléctrica que patrocina la carrera, «Tu energía no conoce límites». Elena paró el crono en 1:04:41. A Pablo no pensaba buscarlo en la clasificación, porque me hubiera jugado el cuello a que entró con el mismo tiempo, o un segundo por detrás, escoltándola galantemente. Estos dos deben ahorrar un pastizal en luz, porque se cargan el uno al otro.

Problema de física: Si una peralica llamada Elena entra en meta en 1.04.41, ¿qué tiempo marcará un peralico llamado Pablo?
La solución.

Mientras tanto, en Totana

Está serio, nuestro Fernando. Concentrado…

Fernando Daniel Quesada, que es otro de los que no paran y tiene un apaño vitalicio con Iberdrola, se fue a Totana a correr la XX Charca Grande, Gran Premio Panzamelba, que lo que sea que premie, no premia panzas. Son 8,2 kilómetros con salida y meta en la pista del polideportivo, tres kilómetros y medio de subida sin tregua para empezar, una bajada técnica con un par de repechos de regalo y vuelta al tartán. Fernando la despachó en 35:48, a 4:21 el kilómetro, con 167 metros de desnivel en el reloj. De recuerdo se trajo un trofeo con la silueta del recorrido, que sirve para hacer el test de Roschard y para que no se le olvide por dónde ha sufrido.

¿Listo de papeles? Lo dudo. Fernando también es de los que juegan al despiste.
Aquí la prueba. Plata en Master 50.

Mayte, en Chiclana

De tranqui.

Y Mayte se plantó en Chiclana, en la prueba de la Guardia Civil de Cádiz. Se apuntó a la de senderismo, pero ella misma confiesa que se le escapó algún trote de contrabando. (No la detuvieron). Está floja aún, dice, aunque en la foto de meta, bajo el arco y con la visera colorá, no lo aparenta.

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